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 "Al mediodía" (1914), de Anna Ancher

Ancher (1859-1935) es considerada una de las pintoras más importantes del panorama artístico danés. 

Por Gisela Asmundo

Licenciada en Historia del Arte

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Al mediodía, 1914, Anna Ancher, Sorø Kunstmuseum.

Anna Ancher formó parte de una comunidad de artistas establecida en la ciudad de Skagen, Dinamarca.

Sus pinturas transmiten el sentimiento por las comunidades locales y su predilección por la luz en relación con la geografía del lugar.

Skagen es el punto más septentrional de la Dinamarca continental está marcado por los vientos y olas que azotan sus finas playas y por la presencia orgullosa de este municipio.

Allí hay vida en casas con tonos estridentes, amarillas, rematadas por tejados rojos; su singularidad geográfica se hace responsable de otros iconos como Vippefyr, uno de los primeros faros daneses cuya réplica recuerda hoy en día su papel crucial en el comercio.

Los principales motivos de Anna Ancher en la pintura fueron los referidos a su ciudad natal, donde experimentó con la luz, los colores y la simplificación.

En la década de 1890 surgió el Movimiento Vitalista, que interpretó a la luz del sol como un efecto vivificante, una fuerza de energía que impregna el mundo. Este movimiento más que nada estaba conformado por hombres por lo tanto no se ha asociado a Anna Ancher al mismo.

En el arte la luz mucha veces ha sido relacionada con un aspecto religioso y divino, como un símbolo de algo trascendental.

Sin embargo, estas asociaciones religiosas suelen descartarse en el caso de Anna Ancher por considerase más que nada influenciada por el Movimiento Moderno Danés, Modernismo, al que perteneció Theodor Philipsen (1840-1920), quien conoció a Paul Gauguin, siendo el único impresionista danés de su generación, Vilhelm Hammershøi (1864-1916) y Valdemar Schønheyder Møller (1864-1905) también trabajaron con el desafío pictórico de cómo retratar la luz.

Aproximación a la obra

“Siempre que el arte acontece, es decir, cuando hay un comienzo, se produce en la historia un empuje y ésta comienza o recomienza”.

Martin Heidegger

La manera que Anna Ancher utilizó los colores fue distintiva desde el comienzo de su carrera.

Estaba fascinada por los colores intensos, amarillos brillantes, rosas y púrpuras, y su elección de colores atestigua su valentía por ser diferente y destacarse de los demás pintores de Skagen.

En sus viajes a París en 1885 y 1889 así como en las exposiciones de arte francés en Copenhague, Anna Ancher se interesó por los últimos experimentos con el color. Donde los pintores Impresionistas emplearon la utilización de colores complementarios como búsqueda de sus investigaciones.

Pero Anna Ancher también hizo sus propios experimentos de color. Su paleta distintiva combinó los colores que utilizaban los impresionistas con los tonos ocres y siena tostado, rústicos y tradicionales de los interiores campesinos daneses.

En esta obra particularmente aparece la utilización del color ocre en los pisos de madera, y la viga que atraviesa el techo del recinto.

La luz del sol que cae sobre la pared es el motivo recurrente clave de Anna Ancher. Desde su primer avance a principios de la década de 1880 hasta sus últimas representaciones llenas de luz en las recámaras de la década de 1920.

En la obra Al mediodía, se aprecia perfectamente el tratamiento lumínico, la luz ingresa por una de las puertas y se proyecta etéreamente por los cuartos.

El espacio recortado del aposento enfatiza los pequeños zuecos que se direccionan hacia la pared. Cabe recordar que uno de los maestros de Ancher, fue el pintor francés Puvis de Chavannes, conocido por recortar imágenes, enfatizando sus aspectos monumentales; características tomadas por el advenimiento de la fotografía.

Al mismo tiempo, Europa estaba influida por el arte japonés.

Karl Madsen, pintor danés e historiador de arte, amigo de la artista, publicó un libro Japansk Malerkunst (1885), texto pionero sobre el arte de Japón; y se aseguró de que los pintores daneses conocieran las características especiales del mismo, incluidos los objetos cortados con nitidez y el abandono de la perspectiva en el sentido occidental.

Adoptando estos principios, Anna Ancher desarrolló su propio estilo de pintura. A menudo volvía al mismo tema, comprobando qué tan simple puede ser el fondo o qué tan vacío puede ser el espacio gráfico.

“Al mediodía” es puro ascetismo, se logra percibir la religiosidad, que remite al trabajo diario, como lo hace la obra "Un par de zapatos", de Vincent Van Gogh.

Un par de zapatos ha sido analizada por el filósofo alemán Martin Heidegger. Holzwage (Caminos del bosque) es la obra de este último, publicada en 1950, allí hallamos “El origen de la obra de arte” (1936), que reúne conferencias pronunciadas entre 1935 y 1936.

La obra de Heidegger nos relata el modelo fenomenológico como método que busca el fenómeno, es decir “lo que se muestra a si mismo”, lo manifiesto, “eso que aparece” es decir la esencia de la obra de arte, y aquello a que refiere. (Elena Oliveras, Estética, La cuestión del arte, 2004, p. 269).

Heidegger sostuvo con respecto a Un par de zapatos de Vincent Van Gogh:

La obra “ha hablado” y al escucharla nos trasladamos “a un lugar distinto del que ocupamos normalmente”.

Un par de zapatos mostró cuál es la esencia del útil. Pero no solo eso sino también permitió ver cuál es la esencia de la obra de arte. Como apertura del ser del ente y su desocultamiento.

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Un par de zapatos, Vincent Van Gogh, Museo Van Gogh

Según Hedidegger: Verdad significa esencia de lo verdadero. Pensamos la verdad recordando la palabra alétheia, el desocultamiento del ente.

Por lo tanto, ¿De qué hablan los zapatos de Van Gogh?:

[…] las botas campesinas las lleva la labradora cuando trabaja en el campo y solo en ese momento son precisamente lo que son. Lo son tanto más cuanto menos piensa la labradora en sus botas de trabajo, cuando ni siquiera las mira ni las siente. La labradora se sostiene sobre sus botas y anda con ellas. Así es como dichas botas sirven realmente para algo. Es en este proceso de utilización del utensilio cuando debemos toparnos verdaderamente con el carácter de utensilio.

[…] A través de este utensilio pasa todo el callado temor por tener seguro el pan, toda la silenciosa alegría por haber vuelto a vencer la miseria, toda la angustia ante el nacimiento próximo y el escalofrío ante la amenaza de la muerte.

Para Heidegger la obra de arte nos revela un “mundo” es decir la atmósfera espiritual de una época determinada, el conjunto de ideas, creencias y costumbres, lo que vivió el individuo en ella.

Por otro lado además de abrir un mundo también revela la “Tierra”, el hic et nunc ("aquí y ahora”) de la obra a la cual se refieren siempre nuevas interpretaciones y que suscitan siempre nuevas lecturas, es decir nuevos mundos posibles.

Para el filósofo la obra de arte es un “combate” entre el “mundo” y la “tierra” eso significa que hay una lucha entre lo que se muestra y lo que se oculta, entre lo decible y lo indecible, entre lo inteligible y lo ininteligible.

Si retomamos nuevamente el análisis de la obra Al mediodía de Anna Ancher, seguramente nos preguntaremos a qué hacen referencia esos pares de zuecos ubicados solitariamente en espacios lumínicos.

Anna Ancher creció en un hogar decididamente cristiano junto con su madre y hermanas formaron parte del avivamiento de un movimiento llamado Misión en Casa (Home Mission) que había llegado a Skagen en la década de 1870.

Eso no era de extrañar ya que la vida en ese pequeño pueblito de comunidad pesquera podía ser muy dura, y se regia por los términos que marcaba la naturaleza; la muerte en el mar formaba parte de la vida cotidiana.

Pero por otro lado la pintora perteneció a un círculo artístico de mentalidad liberal que no atribuía ningún valor particular a las ideas religiosas.

Al estudiar las obras de Anna Ancher, vale la pena considerar esta dualidad. Quizás encontró un lugar para la religión en medio de la colonia de artistas.

La luz de sus imágenes se ha descrito hasta ahora como una representación objetiva del mundo, mientras que sus motivos religiosos se han visto como representaciones de la vida en Skagen.

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Anna Ancher

Anna Kirstine Brøndum Ancher nació el 18 de Agosto de 1859, en Skagen, Dinamarca, hija de Erik Andersen Brøndum (1820-1890) y Ane Hedvig Møller (1826-1916).

De la manera radical que Anna Ancher pintó la luz sirvió para repensar la pintura danesa, aunque haya permanecido toda su vida en Skagen.

Creció en esa ciudad donde su padre poseía el Hotel Brøndums, en el cual nació.

Un huésped ilustre del hotel fue el escritor Hans Christian Andersen, el escritor y poeta danés, famoso por sus cuentos para niños como "El patito feo" y "La sirenita".

La señora Brøndum le sirvió una cena tardía al distinguido visitante para luego retirarse a dar a luz a su hija, para ella eso significó una especie de profecía.

La madre de Anna siempre creyó que Dios tendría grandes planes para su hija, aunque para esa época en un pequeño pueblo de pescadores no sabia cuales serian esos fortuitos presagios.

Pero para fortuna de Anna la visita del ilustre escritor sirvió para instar a los pintores a ir a Skagen, a ese “desierto entre dos mares rugientes” como lo describió Andersen.

Entre los primeros artistas en aparecer en el lugar estuvo el pintor Michael Ancher, quien en la década de 1870 se hospedó en el hotel familiar Brøndums, se enamoró de Anna y se caso con ella en 1880.

De esa unión nacería una hija, Helga Ancher, Anna se convirtió en pintora y vivió en Skagen junto a su familia por el resto de su vida.

En la mesa familiar se reunían otros artistas, como el pintor noruego Peter Kroyer.

Tuvo un matrimonio feliz, trabajando en el Hotel Brødums y pintando muy privadamente casi en secreto, manteniendo sus pinturas ocultas en cajones.

Fue así hasta 1913 cuando Anna con alrededor de cincuenta años tuvo su primer estudio dejándonos una pintura sobre el mismo. Se había vuelto para esa época tranquilamente conocida y muy respetada por los otros artistas de Skagen.

Siendo más modesta que muchos de ellos y más segura de sí misma, conociendo sus limitaciones y puntos fuertes.

El interés de Anna Ancher por la pintura surgió desde muy joven, familiarizándose con los artistas en el norte de Jutlandia.

Estudió dibujo en Copenhague, marcando un estilo propio, y fue pionera en observar la interacción de diferentes colores a la luz natural, pero también se sirvió de los estudios de los pintores impresionistas, y durante su estadía en París se formó en el taller de Pierre Puvis de Chavannes.

Luz del sol en la Habitación Azul (1891) es una obra que despertó el interés de los artistas de la comunidad de Skagen por la intensidad del color azul de la habitación.

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Luz del sol en la Habitación Azul (1891), Anna Ancher

Gran parte de la cultura de la época hacía hincapié en la realización de la mujer dentro de su propio hogar, aunque Anna siguió pintando a pesar de las imposiciones sociales.

Sus temas pictóricos muestran escenas íntimas de mujeres y niños en donde se destaca la belleza en la intensidad del color, como por ejemplo Luz del sol en la Habitación Azul (1891) y La chica en la Cocina(1883-1886).

En la obra Luz del sol en la Habitación Azul, sentada en la misma se encuentra su pequeña hija Helga, nuevamente el color azul del vestido de la niña hace eco en las paredes, y las sillas tapizadas del mismo color realzan la composición.

El amarillo de su cabello rubio produce el mismo efecto en las cortinas, y en el cuello marrón rojizo del vestido y el mantel.

Anna Ancher era una colorista por naturaleza y aplicaba la materia con pinceladas intrépidas. Siendo lo más importante el efecto que la pincelada.

Si uno se acerca a la pintura puede distinguir que la niña está tejiendo al crochet, inmersa dentro de halo lumínico de las últimas horas de la tarde.

Una planta exterior se refleja en el denso azul del muro, y también claros rayos de sol en el piso alfombrado, en donde tiernamente se vislumbra un pequeño ovillo de hilo blanco con el que teje Helga.

Anna Ancher amaba pintar a esas horas.

A medida que vamos recorriendo la obra marcada por luces y sombras profundas, se logra percibir la paz y el deleite de la artista, ante el recinto sagrado de su propia niñez en el que retrata a su hija.

Todo es color puesto en armonía, sus pinturas están llenas de pequeños placeres, no sorprende que uno de los pintores preferidos de Anna fuera Manet.

Gran parte de la obra de Anna posee el estudio del paisaje, parecen experimentos casi abstractos en los que se encuentran dos planos de color, mientras que en otros están llenos de atmósfera y cargados de significado.

Los paisajes de alrededor de Skagen son pequeñas composiciones plasmadas de color del vasto espacio evocador del paisaje nórdico, también es una categoría específica que disfrutó de una prominencia particular en la década de 1890. En estos paisajes la artista representó figuras dentro de lugares que no representan objetivamente el mundo pero que están cargadas de un valor simbólico.

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Tiempo de cosecha, 1901, Anna Ancher, Fuglsang Kunstmuseum.

Algunas obras más…

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La esposa del pescador cociendo , Anna Ancher 1890, Sorø Kunstmuseum.

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Niña con flor, Anna Ancher, 1885, Skagens Kunstmuseer

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