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Autorretrato de Amedeo Modigliani de 1919, la última obra antes de su muerte

Su vida corta y trágica hizo que rápidamente se convirtiera en un mito.

Por Gisela Asmundo

Licenciada en Historia del Arte

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Autorretrato, 1919, Modigliani. Oleo sobre tela, 100 x 65 cm. Sao Paulo, colección privada.

Autorretrato, 1919, Modigliani. Oleo sobre tela, 100 x 65 cm. Sao Paulo, colección privada.

Amedeo Modigliani artista maldito, poeta apasionado, escultor, aristócrata, bohemio pendenciero y maníaco fue un maestro profundamente solitario, en un momento donde abundaron los maestros y las escuelas de todo tipo.

Max Jacob lo describió en esa época como un hombre apuesto, de rostro franco y tez oscura, que tenía el porte de un aristócrata vestido con harapos.

Picasso opinaba que tenía mucho estilo, vestido con sus característicos trajes de terciopelo.

Modigliani correspondía muy bien al retrato que había hecho de sí mismo, la extraordinaria comedia humana que representó en los pocos años que le tocó vivir.

El dueño de una gran galería de Roma, Giuseppe Sprovieri, contó en una entrevista:

“Conocí a Modigliani cuando vino a Roma, donde se quedó dos días (…). Al no tener que trabajar ese día estaba sobrio, no había bebido. Modigliani no se drogaba: bebía vino y absenta y había alcanzado el estado de los que beben mucho y solo necesitan un vaso de vino para emborracharse. Tenía un temperamento difícil, al contrario de su hermano, Emanuel, que después de Treves y Turati era la figura más importante del partido socialista italiano. Al revés de su hermano, extravertido y hablador, Amedeo Modigliani era silencioso, cerrado, permanecía casi siempre en una especie de estado de trance, con los ojos desorbitados, y pasaba con facilidad de las expresiones más afectuosas a las irritaciones más violentas…”.

Cuando estaba realizando su autorretrato, la vida, su vida estaba a punto de finalizar, próxima a la interpretación que él daba a la misma.

Tenía ciertamente por personalidad y educación muchas de las características de los artistas de la bohemia de París, y compartía como gran parte ellos el abuso de sustancias adictivas.

Era un hombre joven que estaba solo, lejos del cuidado familiar, desempleado y sensible. Tenía un pronunciado sentido de introspección, así como un deseo de estimular y explorar su creatividad.

Pasarían solo unos meses de la finalización de la obra para que falleciera de meningitis tuberculosa lo que marcaría el principio del fin del estilo de vida bohemia.

Estaba fascinado por Baudelaire, quien se embarcó en un viaje de autodestrucción que proporcionó una idea de belleza de la modernidad; sus otros héroes literarios eran Rimbaud y Verlaine, Nietzsche, D’Annunzio y Lautréamont.

No fue un pintor que se inclinara por la pintura de paisajes u otros géneros artísticos, más que nada sus pinturas se centraron en el retrato, para él no existía algo más interesante que el ser humano y su profundidad psicológica.

Había comenzado como escultor, siendo amigo del escultor rumano Brancusi del cual admiraba su estilo.

Pintó constantemente, algunos dicen que completaba una nueva pintura cada seis días.

Parte de los retratados eran amigos, mujeres artistas que conocía en academias, y luego se convertían en modelos y amantes, también niños, los hijos de padres excluidos de la sociedad, pobres y desafortunados, colegas como Picasso, Kisling, Cocteau, Soutine, León Bakst, Lipchitz, Guillaume Apollinaire, así como personas y modelos anónimos.

En el año 1907, Modigliani visitó la gran retrospectiva de Cézanne, que conmemoraba el primer año de muerte del pintor francés, esto en su vida significó un autentico impacto, que ayudó a modificar su forma de pintar, para liberarse de un resto de clasicismo un tanto formal y manierista.

Modigliani llegó a la pintura tras practicar con el dibujo y la escultura. Desde 1902 había experimentado para convertirse en escultor, y hasta 1912 después de su encuentro con Brancusi, realizo estudios preparatorios, buscó materiales y modeló.

Solo a partir de 1915 se puso a pintar de manera sistemática y apasionada, y en un lapso de cinco años llegó a realizar más de trescientos cuadros, retratos sobre todo y una espectacular serie de desnudos.

A partir de ese momento tomó como fuente de inspiración las lecciones del expresionismo de Toulouse Lautrec y de la síntesis geométrica del escultor Brancusi, para luego elaborar su propio estilo.

Pero también poseía el interés por el arte primitivo, por las esculturas antiguas de órbitas vaciadas por el tiempo y por las figuras del Antiguo Egipto.

Su amiga la poetiza rusa Anna Achmatova, comentó en sus memorias:

“En aquella época se ocupaba en la escultura y trabajaba en un pequeño patio cerca de su taller, vestido de obrero…Entonces Modigliani estaba entusiasmado con Egipto. Me llevaba al Louvre, a las salas egipcias, y me decía que el resto no merecía atención alguna… "

Aproximación a la obra:

“Yo mismo soy el juguete de fuerzas fuertes que nacen y mueren en mí”. A. Modigliani

Esta pintura expresa una especie de veneración hacia su persona al retratarse como artista y sus atributos.

En su autorretrato podemos observar lo más característico de su estilo, su modelo escultórico, es decir su capacidad para simplificar y sistematizar. Concentrándose en la pura sensibilidad del sujeto, en este caso él mismo.

En esta obra su paleta se vuelve muy sobria, de colores suaves y tonalidades puras y transparentes, ocres, tierras pardas, grises, azules, rojos y verdes, negros y blancos.

La línea para Modigliani no fue un elemento decorativo; por una parte dibujó y comentó las características físicas y psicológicas pero por otra definió y envolvió los volúmenes plásticos y cromáticos en la vibración del color.

En sus retratos el problema estético y psicológico están sutilmente entrelazados, y al hacer un recorrido de los acontecimientos principales de su existencia, de sus sentimientos, y de sus relaciones profundas o pasajeras podemos llegar a intuir al ser humano más allá del artista.

Un ser humano atormentado y temeroso de su propio deceso, Modigliani ya intuía que su final estaba cerca, desde niño había intentado escapar de la amenaza de su enfermedad, de la vergüenza que la tuberculosis le provocaba, al toser sangre.

En este autorretrato se contempla con auto indulgencia, se representa con el rostro hacia el espectador con los típicos ojos profundos oscuros y vacíos, su clásica chaqueta de siempre, el fular azul en el cuello y la paleta en su mano.

Está sentado sobre su silla de pintar, un tanto demacrado y con cierta expresión de ternura y tristeza.

Para Modigliani, como para otros, entender esta interacción entre el arte, la vida y la enfermedad proveo una visión del espíritu creativo donde se encuentran la verdad, la autodestrucción y la belleza.

En la tarde del 20 de enero de 1920, el indigente artista italiano, borracho, mujeriego y bohemio se tambaleó en el Café de la Rotonde donde había estado bebiendo con amigos.

En su estado de delirio regresó a su departamento del cuarto piso que compartía con su compañera, Jeanne Hébuterne, quien estaba embarazada de ocho meses de su segundo hijo.

Dos días más tarde, el pintor Manuel Ortíz de Zárat lo encontró casi inconsciente en los brazos de su amante de veintiún años.

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Fotografía del joven Modigliani.

Fotografía del joven Modigliani.

Se comporta como un niño mimado, pero no le falta inteligencia. ... ¿Quizás un artista? “ Eugenia Garsin (madre del artista).

Amedeo murió el 24 de enero de 1920 en el Hôpital de la Charité, a causa de tuberculosis, y tan solo tenía treinta y cinco años.

Al día siguiente su joven compañera Jeanne Hébuterne, se arrojó desde el quinto piso, en la casa de sus padres.

Estaba embarazada por segunda vez de Modigliani y dejaba a su primera hija de catorce meses al cuidado de Leopold Zborowski, fiel amigo del artista, quien la entregó a continuación a la familia de Amedeo en Liorna.

“Dedo” como lo llamaban sus padres nació en Liorna el 12 de Julio de 1884, el último de cuatro hermanos.

Flaminio, su padre era comerciante, se pasaba la vida viajando ejerciendo poca influencia en la vida y en las decisiones de Amedeo. En cambio su madre, Eugenia Garsin, originaria de una familia judía española que vivía en Marsella, fue su gran sostén, la primera en comprender y apoyar sus tendencias artísticas.

En su diario, Eugenia describía a su hijo con mucha ternura contaba que Amedeo a los once años ya era un niño bastante bien parecido que contrajo una grave pleuresía. Tres años más tarde apareció un segundo motivo de preocupación padeció una violenta fiebre tifoidea. En 1901 luego de una lesión pulmonar su madre lo llevó a pasar su convalecencia a Nápoles, Capri, Roma y Florencia.

Había transcurrido ya tres años desde que había abandonado sus estudios, pero durante ese tiempo descubrió a los macchiaioli (en italiano, manchistas o manchadores, conformaron un movimiento pictórico que se desarrollo en la ciudad de Florencia) y frecuentó un taller famoso en Liorna, el de Guglielmo Micheli.

El viaje fue una ocasión extraordinaria para visitar museos y contemplar la arquitectura, las iglesias, las esculturas del patrimonio italiano. Una especie de inmersión en la cuna del arte, descubrió en Nápoles la obra del sienés Tino di Camaino.

En 1902, Modigliani se marchó de la ciudad de Liorna, a la cual encontraba demasiado provinciana para poder satisfacer sus expectativas. Regresó a Florencia donde se matriculó en la Academia del desnudo y después viajó a Venecia, en donde escribió una carta a su amigo Oscar Ghiglia: “El hombre que no sabe liberar continuamente nuevos deseos de su energía…y destruir todo lo que queda de viejo y de podrido, no es un hombre, es un burgués”.

En 1906 Modigliani volvió a París, para establecerse.

Ya no pudo alejarse de Montparnasse, de sus bulevares, de sus cafés, de sus calles, de sus sensuales mujeres ni de sus amigos. Compañeros de charlas, de pincel y de borracheras, fueron sus dos camaradas Maurice Utrillo, y el ruso Chaïm Soutine, también Severini, Jules Pascin, Moïse Kisling, el escultor Lipchitz, Apollinaire, Max Jacob, André Salmón, Leopold Zborowski y Lunia Czechowska.

Su amigo Maurice de Vlaminck que conoció muy bien a Amadeo recordaba con emoción y admiración:

“Modi era un gran artista. Su obra es el más patente testimonio de ello. Sus telas acusan una gran distinción; la vulgaridad, la superficialidad y la grosería quedan totalmente excluidas”.

En el retrato de su amigo Caïm Soutine de 1917 podemos observar uno de las obras más expresivas de Modi, quizás tenga la peculiaridad de ser una de las personas más próximas a él.

Este retrato instaura el dialogo con el espectador y el personaje, como si fuera el dialogo entre Modigliani y su amigo.

Modigliani era el único amigo íntimo del joven pintor ruso exiliado en París.

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Retrato de Caïm Soutine, 1917, Modigliani,  National Gallery of Art, Washington, DC.

Retrato de Caïm Soutine, 1917, Modigliani, National Gallery of Art, Washington, DC.

Todos esos retratos son testimonio de su profunda amistad, y de las ganas de pintar a un ser querido.

En esta pertinente pintura podemos ver lo distintivo del arte de Modigliani, los hombros caídos, el cuello alargado, el rostro oval con ojos asimétricos, la mirada extrañamente iluminada, las manos visiblemente expuestas y los expresivos sentimientos del autor.

En Montmartre abrió un pequeño taller en la Rue Caulaincourt, la misma calle donde vivió Toulouse Lautrec, no demasiado lejos del Bateau-Lavoir de Picasso. Se podría definir como el epicentro del arte de ese entonces. Modigliani iba cambiando de taller frecuentemente de Montmartre a Montparnasse.

En esa época no estaba tan abocado al trabajo artístico estaba más embelesado por el ambiente y el éxito que tenia con las mujeres que con el arte.

Conoció el amor de prostitutas, y de artistas, tuvo que vivir en las habitaciones de sus amantes, todas quedaron eternizadas en las impresiones de sus pinturas.

Amó a Eleonora Duse, la amante y musa del escritor Gabriele D’Annunzio. Él tenía 21 años cuando la pintó, ella, 47.

A la poeta rusa Anna Ajmátova aunque ella estaba de luna de miel con el poeta ruso Nicolai Gumilev.

Amedeo Modigliani también entabló una relación amorosa con la escritora y periodista de Sudáfrica Beatrice Hastings, “era un cerdo y una perla, hachís y brandy, ferocidad y glotonería”.

Simone Thiroux, su amor secreto, también sufrió por las atenciones que el pintor extrañamente le profesaba. “No puedo estar sin ti, necesito que no me odies. Un poco de cariño me haría mucho bien”, le escribió, pero él nunca respondió.

Pero el papel más importante en la vida del artista lo desempeñaría Jeanne Héburtene.

En 1909 permaneció unos meses en Liorna y luego regresó a París, donde gracias a su amigo Paul Alexandre, un médico aficionado al arte conoció al escultor Constantine Brancusi.

Cuando la Primera Guerra estalló consiguió la exención y se quedó en París, desde allí comenzaría el periodo más intenso de su vida al que quemaría en pocos años.

Conoció a Beatrice Hastings, poetiza y escritora de nacionalidad británica que había sido amazona en un circo sudafricano, convirtiéndose en su compañera y modelo.

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Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani. Circa 1916.

Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani. Circa 1916.

Ella seria una de las primeras mujeres importantes en la vida del artista, pero fue una relación tormentosa y pasional. Esta historia de amor terminaría en una fiesta que ofreció un amigo del pintor. Ambos empezaron a insultarse y golpearse salvajemente e incluso en la propia calle, ante todos los invitados incómodos e impotentes por lo sucedido. A partir de ese episodio Beatrice desaparecería para siempre de Paris y de la vida de Modigliani.

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Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani.

Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani.

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Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani.

Retrato de Beatrice Hastings, Modigliani.

Entre los años 1915 y 1916; Amedeo conoció al marchante Paul Guillaume y al poeta polaco Leopold Zborowski. Este último le brindó apoyo afectivamente y económicamente y le presentó a Lunia Czechowska, que se convirtió en la mejor amiga del artista.

En el año 1917 es el comienzo de sus excepcionales pinturas de desnudos y también el año en el que conocería al gran amor de su vida, la joven Jeanne Hébuterne.

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Desnudo sentado, 1916, Modigliani. Oleo sobre tela, 92 x 60 cm, Londres, Courtauld Institute of Art.

Desnudo sentado, 1916, Modigliani. Oleo sobre tela, 92 x 60 cm, Londres, Courtauld Institute of Art.

En la pintura de Desnudo sentado, notamos la composición del busto inclinado a lo largo de la diagonal del cuadro, la plasticidad de la postura, el abandono del bello rostro sobre el hombro, que se realza con el cabello. La figura goza y estalla de esplendor en la sutileza de los tonos rosados, anaranjados y blancos de la piel.

Al contemplar los desnudos de Modigliani, tan pictóricos y densos en materia, con el empaste sensual y sutil de los colores, parecería proclamarse la supremacía del pintor ante el escultor. Pero si miramos sus esculturas es el escultor el que predomina.

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Cabeza de mujer, Modigliani. The Met Museum.

Cabeza de mujer, Modigliani. The Met Museum.

En el momento que Amedeo conoció a Jeanne Hébuterne, ella contaba con 19 años y él con 33.

La joven era alumna de la Academia Colarossi, llevaba sus cabellos trenzados y con flequillo; tenia los ojos azules, la piel muy clara y unas preciosas piernas.

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Fue un flechazo fulminante, Jeanne era una joven dulce y sumisa y Amedeo un hombre todavía joven y temperamental que encontraba el complemento justo para su vida.

Unos meses más tarde del encuentro, a pesar de la oposición de sus padres ella abandonaría el domicilio familiar, para vivir con Modigliani, un amor cargado de ternura.

En 1918, Modigliani y Jeanne Hébuterne, visitaron al famoso pintor Renoir. Posiblemente creyendo que Modigliani disfrutaría de algunas bromas, Renoir le comentó que no creía que una pintura de un desnudo estuviera terminada a menos que sintiera la necesidad de darle una palmada en las nalgas.

En lugar de reírse, Modigliani interrumpió la conversación respondiendo sin rodeos: "No me gustan las nalgas”.

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Esto demuestra en ese entonces que a pesar de relacionarse con personalidades más establecidas que él, no andaba con sutilezas al contestar. Vivió en sus propios términos y también tal respuesta podría leerse como una muestra de respeto hacia sus modelos.

“Cuando descubra tu alma pintaré tus ojos“. – Modigliani

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Retrato de Jeanne Hebuterne, 1919. Modigliani. Oleo sobre tela, 100 x 65 cm. New York, Salomon R. Guggenheim Museum.

Retrato de Jeanne Hebuterne, 1919. Modigliani. Oleo sobre tela, 100 x 65 cm. New York, Salomon R. Guggenheim Museum.

Modigliani pintaba o dibujaba a Jeanne prácticamente todos los días en sus figuras esbeltas siempre sorprende la vibración del color.

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Amedeo Modigliani, Retrato de  Jeanne Hébuterne, 1918. Colección del Museo Norton Simon, Pasadena, California.

Amedeo Modigliani, Retrato de Jeanne Hébuterne, 1918. Colección del Museo Norton Simon, Pasadena, California.

Jeanne Hebuterne amaba profundamente a Amedeo, fue una mujer dotada para la pintura, pero solo se dedicó a acompañarlo, dejando de lado sus propios estudios de la Academia Colarossi.

Modigliani no dejaba de beber, ni de consumir hachís y eventualmente su salud empeoraba. Vagabundeando por las calles de París no lograba controlar su temperamento, involucrándose en peleas callejeras siendo detenido en más de una ocasión.

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Desnudo femenino acostado, 1917, Modigliani. Oleo sobre tela, 60 x 92 cm. Milán, colección privada.

Desnudo femenino acostado, 1917, Modigliani. Oleo sobre tela, 60 x 92 cm. Milán, colección privada.

En marzo de 1918, Jeanne estaba embarazada y París era bombardeada, el estado de salud de Modigliani se había agravado tanto que sus amigos pensaron que seria conveniente mandarlo un año a la Costa Azul, Cagnes y Niza. Es en esta última ciudad donde nació su hija, el 29 de noviembre bautizada con el nombre de Jeanne. Esa ciudad maravillosa hizo que su paleta se volviera más luminosa, pero su salud no mejoró.

Cuando volvió a París en mayo del año siguiente, solo le quedaban unos meses de vida.

“Lo que es cierto en la vida de un hombre no es lo que hace, sino la leyenda que crece a su alrededor ... Nunca debes destruir las leyendas. A través de ellos se nos da una idea de la verdadera fisonomía de un hombre ”. Oscar Wilde.

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Tête, Modigliani, 1911–1912 Medium: stone Size: 73 cm. (28.7 in.)

Tête, Modigliani, 1911–1912 Medium: stone Size: 73 cm. (28.7 in.)

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Amedeo Modigliani con su enfermera.

Amedeo Modigliani con su enfermera.

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