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"La oración en el huerto", de Andrea Mantegna

El lenguaje plástico de conciencia humanística se reflejó en la obra de rigor arqueológico del formidable pintor italiano.

Por Gisela Asmundo

Licenciada en Historia del Arte

Según Erwin Panofsky en su libro “Renacimiento y Renacimientos en el Arte Occidental”, a finales del siglo XIV el arte de Italia estaba tan radicalmente divorciado de la Antigüedad como lo estaba el del Norte y fue empezar nuevamente de cero el despertar del verdadero “Renacimiento".

Fue un cambio como denominan los biólogos “mutacional”, es decir un cambio repentino y permanente (hay que tener en cuenta que en El Medioevo las figuras tendían a ser más hieráticas, sin naturalidad, esta última en el arte lograda en la Antigüedad se había perdido); por lo tanto en el siglo XIV en Italia estaban dispuestos a recuperarla… hacerla “renacer" de sus cenizas.

Una convicción trivial pero a su vez novedosa era que la pintura más digna de alabanza era la que más se asemejaba a la cosa imitada, convencido de esto estaba el genial Leonardo da Vinci.

En el siglo XIV maestros como Donatello (artista y escultor florentino de principios del Renacimiento, uno de los padres del periodo cuya fuerza innovadora en el campo de la escultura monumental y en el tratamiento de los relieves, logró representar una gran profundidad dentro de un mínimo plano, denominándose con el nombre de stiacciato, es decir «relieve aplanado o aplastado») junto con Masaccio (fue el primero en aplicar a la pintura las leyes de la perspectiva científica, desarrolladas por Brunelleschi) Filippo Brunelleschi y Alberti (estos dos últimos en materia de perspectiva y marcos arquitectónicos) sirvieron de inspiración para otros jóvenes artistas.

Pintores como Paolo Ucello, Andrea del Castagno y más tarde Andrea Mantegna se inspiraron en las obras de Donatello.

Y va a ser justamente Andrea Mantegna (1431-1506) quien, por lo que respecta a la renovación de la Antigüedad clásica, para la pintura italiana en la segunda mitad del siglo XV lo que Brunelleschi y Donatello hicieron para la arquitectura y escultura a partir de 1420 ca.

Aproximación a la obra “La oración en el huerto” de Mantegna:

Esta maravillosa pintura nos enseña uno de los momentos más dramáticos de la vida de Jesús, la oración en el Monte de los Olivos. El episodio evangélico que antecede al prendimiento de Jesús y al inicio de su Pasión y muerte en la cruz.

Después de cenar por última vez con sus discípulos, Jesús se retiró junto con tres de ellos, Pedro, Santiago y Juan, a un huerto cercano, el de Getsemaní.

Del Evangelio según San Lucas 22, 39-46 , Jesús se apartó de ellos y, puesto de rodillas sintiendo una gran tristeza y dolor rogó:

"Padre mío, si es posible, pase de mí esta copa; pero no sea como yo quiero, sino como tú quieres".

Buscó apoyo en sus discípulos, pero estos se habían dormido.

Jesús dijo: " ¿Así que no habéis podido velar conmigo una hora? Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil".

Entonces se alejó de nuevo y exclamó: "Padre mío, si no puede pasar de mí esta copa sin que yo la beba, hágase tu voluntad."

Viendo a los discípulos todavía dormidos, repitió esta oración por segunda vez.

Finalmente, volvió cerca de donde estaban y les dijo: "Dormid ya, y descansad. He aquí ha llegado la hora, y el Hijo del Hombre es entregado en manos de pecadores. Levantaos, vamos; ved, se acerca el que me entrega”

Andrea Mantegna representó a Cristo en el aislamiento apoyado sobre la peana rocosa orando y dirigiendo su mirada al cielo, mientras un grupo de querubines (con la figura de los amorcillos clásicos) sostienen los símbolos de la pasión (la columna de la flagelación, la cruz, el palo con la esponja embebida de vinagre, la lanza que habrá de traspasar su costado).

A través de la presencia aislada del redentor es posible sentir la desesperación ante lo inminente. Su discípulo Judas, que lo ha traicionado, conduce a una gran banda de soldados, junto con los esbirros, desde Jerusalén que bajan por el tortuoso sendero para arrestarlo.

Contra un fondo montañoso se recorta Jerusalén encerrada en sus poderosas murallas. Las torres animadas con las medias lunas y el edificio circular animado por arcos (representa al coliseo, anfiteatro de la época del Imperio Romano, construido en el siglo I) con un monumento ecuestre (La Columna de Trajano, monumento conmemorativo erigido en Roma por orden del emperador Trajano AD 113) a un lado parecen recordar al mismo tiempo el Oriente y la Roma Antigua. (1)

No hay separación entre el pasado y el presente de su época, existe la unidad del espacio que avanza hacia el espectador hasta casi implicarlo en la concepción de la historia como un drama inspirado en Donatello, como señalé anteriormente. De este último aprendió la agudeza cortante de los perfiles lineales, la definición plástica de las formas, la tendencia a las composiciones de perspectiva compleja. Pero ambos difieren porque la visión histórica de Donatello es más apasionante y la de Mantegna más fría. (Entender la pintura, ed. Orbis,1995, p.4).

Mantegna empleó la perspectiva más bien para crear un escenario sobre el cual las figuras parecen estar moviéndose como seres sólidos y tangibles, las distribuye como un director de escena , para que reflejen la significación del momento y el curso de un episodio.

Utilizó hábilmente el escenario del paisaje para contar la historia en una sola imagen, la marcha de los soldados desde las puertas de la ciudad creando drama y sugiriendo el paso del tiempo. Él usó pintura al temple, al huevo de secado rápido (pigmentos unidos con huevo) para describir detalles minuciosos como los ladrillos individuales de las murallas de la ciudad.

Esta obra refleja muchas de las cuestiones artísticas que le preocuparían a lo largo de su trayectoria. Estaba fascinado por el arte de la antigüedad clásica; los discípulos dormidos aquí parecen estatuas de emperadores romanos con togas. Uno se acuesta con las piernas mirando hacia el espectador, una pose difícil de pintar; Mantegna disfrutó experimentando con el escorzo de las figuras y por su capacidad para atraernos a la imagen.

A la derecha en la rama seca del olivo hay un pájaro interpretado como un buitre en alusión a la inminente muerte del salvador o como un águila, si fuera este el caso se trataría de un guiño al comitente de la obra el duque Borso d’Este (fue Duque de Ferrara, Módena y Reggio desde 1450 a 1471) cuyo blasón de familia posee águilas.

Mantegna realizó una pintura de tema sagrado pero de espíritu laico, una joya del arte universal.

Andrea Mantegna

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Posible autorretrato de Andrea Mantegna en su obra La presentación de Cristo en el templo.

“…Y comoquiera que Squarcione no era un pintor excesivamente ducho - por lo que Andrea aprendía mucho más de lo que él llegaba a percatarse-, lo ejercitó en piezas de escayola, tomadas de estatuas antiguas, y en pinturas y cuadros…” Giorgio Vasari, Vidas.

De su primera educación y de su manera de ser nada sabemos hasta noviembre de 1441, cuando el día 6 lo encontramos registrado en el gremio de pintores de la ciudad de Padua donde se lo vincula con Francesco Squarcione, citado como pintor; en una ambigua relación entre discípulo y sirviente de la que Mantegna no pudo zafarse con gran dificultad hasta el año 1448.

Andrea Mantegna fue un niño prodigio. Nació en 1430 o 1431 en Isola di Carturo, una aldea situada entre Padua y Vicenza, Italia, en el seno de una familia humilde y sin elevada educación. Su padre, Biagio era carpintero, y no campesino como sostuvo Vasari.

El gran interés de Mantegna por lo antiguo nació precisamente en el taller de Squarcione, donde éste había ido recopilando una cantidad increíble de piezas arqueológicas.

Pero Padua era mucho más que el taller de su maestro, era también una ciudad de grandes humanistas como Giovanni Marcanova y Felice Feliciano, además cerca se esta ciudad en Arquà había pasado sus últimos años el gran humanista europeo, Francesco Petrarca. A éstos hombres se acercó el joven Mantegna en su formación. Por otra parte la gran influencia de los artistas toscanos en Padua como Paolo Ucello, Filippo Lippi y Donatello que hacia poco había terminado el altar del santo y erigido su formidable obra, la epopeya ecuestre del Gattamelata. (2)

En 1448 Imperatrice Ovetari decidió encargar unos frescos para la capilla familiar en los Eremitani y recurrió a dos maestros tradicionales Antonio Vivarini y Giovanni d’Alemagna y a dos jóvenes modernos artistas, Andrea Mantegna y Niccolò Pizolo. Al final la obra sería terminada solo por Mantegna ya que en 1450 murió Giovanni d’Alemagana; Vivarini se marchó en 1451 y Pizolo falleció de muerte violenta en 1453.

La obra pareció formidable a los ojos de sus contemporáneos, es ahí cuando se vislumbra el rigor por la perspectiva del joven maestro y su obsesión por la antigüedad clásica.

A los diecisiete años se independiza, cansado de que su talento artístico fuera apropiado por su mantenedor.

En 1453 se casa con Nicolosia Bellini hermana de los reconocidos artistas Giovanni Bellini y Gentile Bellini, e hija de Jacopo Bellini, rival de Squarcione. Esto provocará la enemistad con el que había sido su maestro.

En 1459, Luis Gonzaga convence a Mantegna para que se traslade a Mantua. A partir de este momento trabajará toda su vida para la familia Gonzaga, bajo el mecenazgo directo de Isabella d'Este, marquesa de Mantua y esposa de Francisco II Gonzaga.

De este modo comenzaría una relación de artista y mecenas que no tiene parangón en toda la Historia del Arte, con excepción quizás la de Velázquez con Felipe IV, una relación hecha de aprecio y confianza recíprocos de un intercambio de amistad franca.

Como principal fruto de estos casi cincuenta años de patronazgo artístico quedan los dos trabajos más importantes de Mantegna: la decoración mural de la «Cámara de Los Esposos» en el Palacio Ducal de los Gonzaga y Los Triunfos del César, serie de grandes lienzos que hoy se conserva en el palacio de Hampton Court en Gran Bretaña.

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Camara de los Esposos, 1473 ca. Fresco. Óculo del techo, 270 cm de diámetro. Mantua

En La Camara de los Esposos, podemos observar claramente lo talentoso que Mantegna fue, no solo como un artista capaz de hacer que lo increíble pareciera real, sino por crear perspectivas ilusorias. Algo parecido no se volvería a ver hasta la obra de Rubens, en el siglo XVII.

Al hacer un recorrido con la vista por las paredes de La Camara de los Esposos, al divisar los extensos paisajes que se abren más allá de los cortinajes o detrás de las figuras de la corte y finalmente levantar la mirada al techo, nos sorprenderá encontrar el cielo azul con nubes blancas en el óculo de la bóveda.

La extraordinaria perspectiva constituye el primer ejemplo de ilusión arquitectónica que el artista logró maravillosamente. El ojo central del techo esta rodeado por una balaustrada que sirve de apoyo a ocho querubines alados y a un pavo real, sobre la cual se asoman una vasija con naranjas y sonrientes mujeres. Incluso Mantegna se divirtió al atravesar un madero sobre el que se sostiene el barreño; los querubines parados en el borde generan una sensación de vértigo al ser observados desde abajo.

Mantegna pareciera ser una artista Barroco y adelantarse a su tiempo. (3)

Sin lugar a dudas el nombre de Mantua quedaría asociado al artista y a su extraordinaria obra, La Cámara de los Esposos, la más famosa y la más rica en insinuaciones artísticas que marcarían el futuro del arte de Italia y el mundo. En nueve años Mantegna concibió y concluyó un ciclo que fue el primero en Europa en unir la gesta y la epopeya, el espacio real y virtual, la inspiración clásica y la conciencia del presente.

La fecha del inicio aparece en el dintel de una ventana, 1465, y la de su finalización en la dedicatoria, 1474.

Realizó además hacia 1462, para la capilla del castillo ducal mantuano, un retablo del que forma parte El Tránsito de la Virgen que se conserva en el Museo del Prado.

Alrededor de 1480 pinta el San Sebastián ahora conservado en Viena (Kunsthistorisches Museum), y se expande su fama por toda Italia.

Posteriormente, a 1480, con El Cristo muerto, Mantegna dará la pauta de la pintura de los años siguientes, la original perspectiva utilizada para la figura de esta obra es completamente inusual en la pintura renacentista.

En 1488 pasaría una estancia en Roma a las órdenes del Papa Inocencio VIII para restaurar distintas obras.

En 1490 regresa a Mantua, algunos de los posteriores trabajos de Mantegna fueron El Parnaso de 1497 para Isabella d’ Este que se encuentra en el Museo de Louvre de París.

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El Parnaso 1497 ca. Lienzo, 160 x 192 cm. París, Musée du Louvre.

A Mantegna le gustaba grabar en cobre, produjo diversos grabados, que le sirvieron para difundir su dibujo incisivo. Estos trabajos tuvieron gran repercusión y se distribuyeron incluso en Alemania, por lo que influyeron a artistas de varios países europeos.

A medida que envejecía se enfermaba con frecuencia y se volvía mal humorado, además de tener dificultades económicas.

El 13 de Septiembre de 1506, “a las siete de la tarde” moría el anciano maestro.

Su hijo Ludovico describió en una carta algunas de las obras de su padre que estaban en su casa, una de ellas el famoso Cristo Muerto de Brera.

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Cristo Muerto, 1480. Temple sobre tela, 66 x 81 cm. Milán, Pinacoteca de Brera.

Alberto Martini sostuvo en 1963: “Mientras los maestros toscanos buscaban en la antigüedad clásica la afirmación de una nueva dimensión moral del hombre, Mantegna completa aquel mundo como un paraíso perdido, que solo es posible recuperar a fuerza de fantasía…” (4)

(1) Recomiendo hacer foco en esa parte de la imagen.

(2) Es una estatua en bronce situada en la Plaza del Santo en Padua. Es una de las primeras y más importantes estatuas ecuestres de todo el Renacimiento. Es la primera estatua en honor del condottiero del mismo nombre.

(3) Cronológicamente El Barroco abarcó todo el siglo XVII y principios del XVIII, con mayor o menor prolongación en el tiempo dependiendo de cada país.

(4) Alberto Martini (24 de noviembre de 1876 - 8 de noviembre de 1954) fue un pintor, diseñador, grabador e ilustrador gráfico italiano.

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