CULTURA | arte | 2019 |

"La Tempestad", la pintura mas conocida y magnífica del artista Oskar Kokoschka

El artista austríaco fue uno de los grandes maestros del Expresionismo.

Por Gisela A. Asmundo

Como sostuvo el filósofo Hegel, "lo que buscamos en el arte lo mismo que en el pensamiento, es la verdad”.

Pero ¿de qué nos habla la obra maestra conocida como “La Tempestad” o “La novia del viento”?

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“La Novia del Viento” (“La Tempestad”) 1913, Oskar Kokoschka, óleo sobre tela 18,4 x 220,2 cm.

“La Novia del Viento” (“La Tempestad”) 1913, Oskar Kokoschka, óleo sobre tela 18,4 x 220,2 cm.

Esta obra representa una alegoría al amor más apasionado y loco del mundo del Arte de comienzos del siglo XX. Entre el extraordinario artista austríaco Oscar Kokoschka (O.K.) y su musa, la compositora musical Alma Schindler, mas conocida como Alma Mahler, la viuda del compositor y director de música Gustav Mahler.

Esta pintura es la respuesta al desafío de una mujer: “Hazme una obra maestra y me casaré contigo”.

Y O.K. así lo hizo...

Descripción de la obra “La Tempestad”:

En el ojo de una violenta tormenta, dos amantes lado a lado, y alrededor la ferocidad del mar. La mujer pareciera descansar plácidamente, mientras que el hombre tenso se encuentra despierto. Ellos son Alma y Oskar Kokoschka.

Nada pareciera realmente poder prepararnos para el impacto que genera esta pintura. Que parece liberarse de una sensación extraordinaria que nos alcanza. Todo, la pincelada, la composición, especialmente los colores, nos hacen pensar que esta es una imagen sobre emociones muy cargadas, se trata de algo más de lo que se encuentra. Su ubicación estratégica se vislumbra a través de una larga línea de puertas abiertas en el fabuloso Kunstmuseum de Basel, Suiza.

O.K. tomó el desafío de crear una pintura que sería, para siempre, un símbolo de su intenso amor por Alma.

Comenzó a trabajar en Abril de 1913, sería su obra mas grande. Se encerró en un edificio en Viena y se puso a sí mismo en el humor preciso para poder pintarla. Tomó la idea de pintar de negro todas las paredes de su estudio. Alma encontró esto y consideró la extraña conducta de su amante como algo extremadamente perturbador. Entonces ella decidió que sería mejor no verlo tan frecuentemente.

Mirando de cerca la amplia pincelada y las gruesas capas de pintura de la obra es fácil imaginar la intensidad con que Kokoschka trabajó solo en su sombrío estudio. Es como si hubiera vertido su carga más alta de emociones sobre la tela. Al principio parece ser solo una masa de pinceladas agitadas; aunque podemos estar conscientes de la pintura y del movimiento de las manos y marcas que Kokoschka hizo de una manera enfática en todo el lienzo. Dejó que la pintura tenga una vida extraordinaria en medio de lo que es: después de todo, una imagen bastante feroz.

Pero algo ocurrió en la obra mientras trabajaba sobre la misma. Sus sentimientos sobre la relación con Alma empezaron a cambiar y esto se vio reflejado en sus dibujos preparatorios. En ellos se puede observar a dos amantes cercanos y juntos. Ambos se mostraban muy fuertes y calmos en sus expresiones, tomados de la mano. En la pintura final de "La Tempestad”, ya sus manos no se sostienen más. En un primer momento el utilizó el color rojo como predominante. Eso se ve cuando uno se acerca a la pintura. Pequeñas manchas rojas brillantes. El rojo, por su calidez, es el color que simboliza la pasión. Pero el estrés de la vida junto a su amada hizo que O.K. cambiara por los tonos del azul grisáceo, colores fríos. Esto reflejaría, de alguna manera inconsciente, un darse cuenta que sus fantasías de vida junto a su amante estaban llegando al ocaso.

Es un pintura muy intimista pero a su vez es una obra llena de distancia, es el reflejo de un amor, cargado de tristeza y también de belleza.

Oskar Kokoschka tuvo la intención de llamar a la obra “Tristán e Isolda”, la ópera preferida de Alma, pero cambiaría el nombre cuando el poeta Georg Trakl lo visitó en su estudio y vio a la misma. Trakl se sintió tan inspirado que creo una poesía en el lugar. En ella utilizó el vocablo Die Windsbraut, una palabra alemana muy lírica, que literalmente significa “La novia del viento”, aunque a menudo se traduce como “La tempestad”.

En diciembre de 1913, Kokoschka la describió como su trabajo más fuerte e importante. La obra maestra de todo esfuerzo expresionista, que no fue suficiente para ganar la mano de Alma en matrimonio.

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Oskar Kokoschka, 1909. Foto: www.leopoldmuseum.org Año 1909. Viena. Alma Mahler (1879-1964). Foto de Dora (Madame d'Ora) Kallmus (1881-1963).

Oskar Kokoschka, 1909. Foto: www.leopoldmuseum.org Año 1909. Viena. Alma Mahler (1879-1964). Foto de Dora (Madame d'Ora) Kallmus (1881-1963).

Oskar Kokoschka (1886-1980), el genio rebelde

O.K. nació en 1886 en la ciudad de Pöchlarn, Austria, situada en la ribera del río Danubio. A causa de la industrialización de la época en el centro de Europa, su familia padeció problemas económicos.

Con 19 años ingresó a la Escuela de Artes y Oficios de la ciudad de Viena, donde entre 1905 y 1908 adquirió parte de su conocimiento artístico. Siendo aún alumno de la misma, su trabajo se dio a conocer por primera vez en la exhibición de Kunstschau (lit. demostración de arte). Esta exposición se consideró uno de los grandes eventos del modernismo vienés. Fue creada por el grupo de artistas conformado por Gustav Klimt, Josef Hoffmann, Koloman Moser, Oskar Kokoschka, Elena Luksch-Makowsky, Max Oppenheimer y Schroeder Henry, entre otros. Fue en ese lugar donde se establecieron las bases de un nuevo grafismo con colores brillantes y letras en negrita para la creación de carteles artísticos. También fue en ese lugar donde Klimt presento su obra “El Beso”. En esta exposición, O.K. cosechó alabanzas e indignaciones. Gustav Klimt lo llamó “el talento mas grande de la generación mas joven”. Por sus cualidades radicales e inquietantes un crítico lo denomino “el jefe salvaje”.

Pero no todo fue color de rosas en su carrera. Por un lado, su alta reputación de artista innovador en el círculo avant garde también cosechó adversidades. En el campo del arte, donde se relacionaba la alta burguesía, O.K. no era más que un artista intrascendente, con indudable talento, pero que osaba dinamitar las bases del suelo artístico conservador establecido por la antigua sociedad vienesa del Imperio Austro Húngaro.

En aquella época, este enojado joven trataba de mostrarse como una persona imponente, por lo que se puede visualizar a través de sus fotografías. Muchas veces aparecía vestido elegantemente, pero ello no encajaba con su cabeza afeitada. Al mismo tiempo, era una mezcla de dandy y skinhead. El archiduque Franz Ferdinand, heredero de la corona de Austria, comentó que deseaba “romper todos los huesos del cuerpo del joven”.

O.K. se destacó tanto en sus pinturas, como en sus obras para teatro y poemas ilustrados. Entre ellos, “Los Chicos Soñadores”, texto e ilustraciones que publicó en 1908, cuando tenía veintidós años y había recibido el encargo de la Wiener Werkstätte de ilustrar un libro de fábulas. Que en sus manos se transformó en una historia de amor cifrada. También en sus obras escritas para teatro, como los dramas “Asesino” y “Esperanzas de las Mujeres” (para esta última realizó un cartel llamado “Piedad”. El artista exploró el subconsciente y el yo oculto del impulso irracional , “la amarga lucha entre la mente y el sexo, una batalla ganada por el sexo”, como sostuvo él mismo.

Cuando el director de la Escuela de Arte, Alfred Roller, fue instruido a expulsar de la misma a O.K., fue rescatado por el prestigioso arquitecto del Modernismo, Adolf Loos. Este arquitecto prácticamente lo había creado, el mismo O.K. recordó una vez que su amigo le había sugerido pintar a las personas como las veía. Kokoschka relató, en alusión a su personalidad sensible y perceptiva: “Ellos dicen sobre mí que yo puedo ver lo que hay debajo de la piel de las personas”.

Adolf Loos animó a O.K. a pintar retratos y lo presentó a Herwarth Walden, editor de la revista berlinesa Der Sturm ( La Tormenta), un fanático del Expresionismo con su atracción para la vida interior en reacción al espíritu decorativo y superficial del Art Nouveau y La Secesión. En la revista estuvo dibujando entre 1910 y 1912. “Parecía sacudir el edificio del arte moderno como un terremoto”, escribió el artista O. Schlemmer sobre Kokoschka.

Por aquel entonces O.K. parecía vivir en la miserable pobreza, hasta que el dueño de una galería, Paul Cassirier, le ofreció un contrato e ingresos que le permitieron participar de la vida social en Berlín.

Cuando en Diciembre de 1910 regresó a Viena, reflexionando sobre sí mismo sostuvo: “Toda mi vida es infernal... Soy un debilucho malhumorado desesperado por cualquier simpatía que se me presente”.

Alma Mahler, la mujer más cautivante de la época

Alma Schindler había nacido en Viena el 31 de Agosto de 1879. Fue hija de la cantante Anna von Bergen y del pintor paisajista Emil Jakob Schindler. Alma creció en un ámbito cultural que frecuentaban grandes artistas. Después de la muerte de su padre, Emil Schindler (1892), su madre -Anna- se volvió a casar con uno de los últimos discípulos de su marido, Carl Moll, uno de los creadores de la Secesión Vienesa.

Su primer beso se lo dio el artista Gustave Klimt. También tuvo un amor de juventud con el compositor y su maestro musical, Alenxander von Zemlinsky. Además de tener romances platónicos con otros hombres de la cultura y el arte. A los veintidós años se casó con el prestigioso director y músico de orquesta Gustav Mahler, el cual le llevaba casi 20 años. Durante su primer matrimonio tuvo un amorío con Walter Gropius, el afamado arquitecto creador de la escuela de arte alemana Bauhaus; quien después de enviudar mas tarde se convertiría en en su segundo esposo. El ultimo fue el escritor Franz Werfel.

Cuando Alma entraba en una habitación, las cabezas se volvían. Se decía que su presencia magnética era como “una carga eléctrica” en cualquier reunión. Con su personalidad mercurial, ella era -en apenas un minuto- la gran autoridad imponente, majestuosa y exudante. Al instante siguiente, ella estaba alegre y de buen humor, deleitándose con la suave feminidad vienesa, que incluso en sus momentos más terribles hacía difícil que realmente no gustara. (Haste, 2019, P.2).

Antes de morir, su primer marido -Gustav Mahler- le dedicó dos sinfonías. La Segunda Sinfonía y la Décima, Mahler solo alcanzó a completar totalmente el «Adagio», el primer movimiento de esta ultima. El amor desbordaba a Gustav, probablemente entrelazado con un sentimiento de culpa . Se le escapaban palabras de amor entre las notas:

“¡Por ti vivo!, ¡por ti muero!, ¡Almschi!”. Escrito por Mahler en el manuscrito de la partitura de la inconclusa Décima Sinfonía.

El encuentro entre Oskar Kokoschka y Alma

Luego de la muerte de una de sus dos hijas y su esposo, Alma se sintió completamente quebrada. Así se lo hizo saber en una de sus cartas a su antiguo amante y futuro esposo Walter Gropius.

Instalada en su nueva casa en Pokornygasse 12, su vida volvería a dar un vuelco inesperado. El 12 de Abril de 1912, ella se encontró por primera vez con Oskar Kokoschka, el pintor de 26 años de edad que había hecho su rápida reputación como el Enfant Terrible del mundo del Arte.

Su padrastro Carl Moll sugirió que “el pobre genio hambriento” debería hacerle a Alma un retrato. Ella había visto su trabajo en la exhibición de Kunstschau, notando sus diseños grandiosamente concebidos. Por lo tanto, estuvo de acuerdo en posar para él. Fue invitado a cenar a la casa de sus padres. Kokoschka apareció con papeles duros y empezó a dibujar.

Después de un rato, Alma se empezó a sentir incómoda al ser observada de esa manera, entonces sugirió tocar el piano. Eligió su pieza musical preferida, “Tristán e Isolda”, la opera creada por Richard Wagner. De golpe O.K. comenzó a toser de una manera que tuvo que interrumpir su tarea. Apenas podía hablar y parecía incapaz de seguir dibujando.

Fue en ese preciso momento cuando se pusieron de pie y de repente él la abrazó apasionadamente.

Así se originaba el affaire mas estrepitoso de la época.

Kokoschka recordaría: “Estaba deslumbrado por ella, me perturbó... Qué hermosa era... Qué seductora detrás de su velo de luto”. Alma también se había enamorado de ese artista salvaje, excéntrico y provocador. Ella diría: "Oskar Kokoschka es un genio. Lo amo por eso, y amo al niño terco y mal educado que hay en él”.

Ambos se volvieron inseparables, él comenzó a enviarle cartas, escribió mas de 400, además de pintarla.

El comienzo del ocaso

A pesar de sentirse mutuamente enamorados, en los tres años que casi estuvieron juntos las diferencias empezaron a notarse. O.K. habría de reconocer, que cuando conoció a Alma, él estaba en su juventud inmadura con la costumbre de “darse de lleno contra una pared”, en cambio ella era una mujer madura acostumbrada al lujo y a estar siempre rodeada de hombres que la pretendían. Fueron justamente sus celos enfermizos la condena de ese amor. Para Alma la personalidad obsesiva y controladora del artista terminaron por cansarla.

En sus cartas diarias vertía todo su apasionado amor, su posesiva adoración y su dependencia de ella. Aclamaba: “Debo pronto tenerte como mi esposa, de otra manera mi gran talento irá a la ruina”. La celaba cada vez que tenía que ir a la ópera con sus amigos, también a la propia memoria del marido muerto; controlaba su manera de vestir e incluso se había vuelto descortés con los amigos de Alma.

Después de años de haber sido descuidada por Mahler, ahora se encontraba ante la atención intensa de Kokoschka y todo el amor que consume.

En un momento, Alma sintió que era necesario tener que alejarse de Viena por dos semanas, entonces emprendió un viaje junto con su hija Gucki para Scheveningen, dejando a Kokoschka solo y totalmente apático. Luego ella confesaría a su amigo Joseph Fraenkel: “No sentí que esto fuera desleal a O.K. , porque él ya estaba muy lejos de mí. Solo quería aclararme una vez más que todo había terminado entre nosotros”.

Alma había quedado embarazada y tomó la decisión de abortar. Él, tomando los paños ensangrentados, dijo: “Ese es, y siempre será, mi único hijo”, llevándolo consigo. Ella, aunque todavía se sentía atraída hacia él, temió engendrar un hijo que heredara la ferocidad del artista.

Oskar Kokoschka jamás la perdonaría .

Unos meses después que O.K. completó “La Tempestad”, el hombre que deseaba romperle todos los huesos en su cuerpo, el archiduque Franz Ferdinand, era asesinado en 1914 por un terrorista en Sarajevo.

Ver más: "El retrato de Wally Neuzil"

Europa entraría en guerra.

Kokoschka, siendo ya un hombre anciano, comentó que en el momento de estallar la Primera Guerra Mundial sintió que había perdido su libertad a causa de ese tormentoso amor. Él necesitaba libertad y ser capaz de poder salir de esa situación. Es por eso que se enlistó como voluntario para el servicio. Kokoschka se aseguró un lugar en el regimiento de élite de Dragones de la Guardia Imperial, para lo cual necesitó comprar su propio caballo. La venta de “La Tempestad” a un farmacéutico de Hamburgo cubrió sus gastos.

Kokoschka fue condecorado por su papel en la acción, en la que casi fue asesinado. Varios días después de su captura se encontraba entre un grupo de prisioneros liberados, y mientras estaba en el hospital sufriendo los efectos de una herida en la cabeza, continuó meditando sobre su relación con Alma.

Durante la convalecencia escribió su obra “Orfeo y Eurídice”. Más tarde, en 1916, fue enviado como oficial de enlace al frente italiano, donde sufrió conmoción y fue puesto en libertad por otra convalecencia, esta vez en Berlín y luego en Dresde. Desde ese momento, no tuvo ningún otro servicio activo.

Después de la guerra, en 1919, asumió una cátedra en la Academia de Arte de Dresde, un cargo que ocupó hasta 1924.

Traumado, y aún sintiéndose triste por Alma, Kokoschka le encargó a una fabricante de muñecas de Múnich, Hermine Moos, que creara una muñeca de tamaño real a semejanza de Alma, en julio de 1918. La muñeca fue diseñada de acuerdo con las propias descripciones de Kokoschka, que para ello envió bocetos y notas aclaratorias. Aunque el resultado fue una amarga decepción para él, utilizó esta muñeca fetiche en varias pinturas y dibujos. Más tarde la destruiría.

Él jamás olvidaría a Alma, aunque tuvo otro amor.

Ella en cambio reconoció haberlo querido. Sin embargo, después de la tormentosa relación con el artista, se volvió a casar dos veces. Una con Walter Gropius, y finalmente con el escritor Franz Werfel.

Alma murió en 1964 en su departamento de Nueva York, a los 85 años de edad. En una de las mesas de apoyo de su hogar se alzaba una pequeña reproducción de ‘La Tempestad”.

Oskar Kokoschka murió en 1980 justo unos días después de cumplir los 94 años en Montreux, Suiza. La muerte le llegó cuando se había establecido como uno de los más grandes e innovadores artistas del siglo XX.

Referencias:

Cate Haste. 2019. Passionate Spirit, The life of Alma Mahler. Bloomsbury Publishing.

Por Gisela A. Asmundo, historiadora del arte.

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