CULTURA | arte | Antoine Watteau | Gilles

¿Por qué la imagen de Gilles, de Antoine Watteau, infunde tanta melancolía?

La autora analiza una de las obras más reconocidas del artista francés, el más representativo del estilo Rococó.

Por Gisela Asmundo.

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Gilles, 1717-19 ca. Oleo sobre tela, 184 cm. x 149 cm., París, Musée du Louvre.

Gilles, 1717-19 ca. Oleo sobre tela, 184 cm. x 149 cm., París, Musée du Louvre.

Antoine Watteau fue el artista más representativo del estilo Rococó, francés del siglo XVIII.

Fue el pintor de las fêtes galantes («fiestas galantes»), género pictórico que representaba escenas cortesanas en paisajes bucólicos propio de ese estilo; además de escenas costumbristas.

Watteau acostumbraba a retratar a los personajes de la Comedia Italiana, que anduvieron de gira por Francia, y representaron sus escenas en París.

Existen obras del mismo tema que pertenecen a la National Gallery of Art, de Washington, al Getty Museum de Los Angeles, al Museo Thyssen Bornemisza, de Madrid, al Metropolitan Museum of Art en New York entre otros.

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Aproximación a la obra:

"La melancolía es la felicidad de estar triste" , Victor Hugo.

Este es el único retrato de Antoine Watteau que representa un personaje de tamaño natural.

La majestuosidad de la figura que se observa desde un punto de vista bajo realza su grandiosidad, la mirada fija nos inquieta, existe algo en esta imagen que permanece en nuestro corazón.

Sus ojos nos piden ser vistos más allá de la investidura de comediante.

Si observamos por un momento su mirada hallaremos en ella la sensación de resignación y nostalgia, lo que el disfraz no puede ocultar y la mirada devela.

La figura del comediante sin el maquillaje se eleva hierática y solemne en un juego de sutiles contradicciones que recorre toda la composición.

Gilles se yergue inmóvil, silencioso, y solitario, aislado de los otros comediantes que se agitan por debajo bromeando. A la derecha de su pie se asoma un asno cuya mirada fija sirve como enlace entre los dos planos de la obra.

Es una presencia que va más allá del retrato a causa de su aura encantada y la expresión ausente de sus ojos.

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Podemos percibir dignidad por sobre los pantalones cortos que dejan ver sus peculiares y elegantes zapatos acordonados de lazos rosas.

Las mangas demasiado largas, subrayan la figura desmañada y un poco torpe, pero no ocultan lo verdaderamente humano.

En contraposición a su humanidad el cielo celeste por detrás resalta algo espiritual, algo que podría desprenderse de la sutileza de la seda blanca del traje que resplandece sobre el paisaje bucólico.

La obra “Gilles" del Museo Louvre, (es conocida también como Pierrot) es algo más que la representación de un payaso de la Comedia Italiana; porque sugiere la imagen de un sentimiento interior, que ahonda en la psique de la figura.

Otras representaciones del mismo personaje Pierrot:

En la pintura del Getty Museum se aprecian cinco comediantes que acabaron de terminar su actuación en un parque verde en la afueras de París y miran expectantes a su público.

Watteau le dio un lugar de honor al hombre disfrazado de Pierrot, pero menos exaltado que “Gilles" aunque aparece centralizado, iluminado y rodeado de pares diferentes.

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Pierrot, el payaso con traje blanco holgado, está sosteniendo su sombrero en la mano, con la esperanza de que le arrojen algunas monedas.

Flanquean al mismo otros cuatro artistas disfrazados de personajes de la Comedia dell’arte, o Comedia Italiana, que gozaron de gran popularidad en el París del siglo XVIII.

Brighella lleva un espléndido traje de oro verdoso y una capa de hombro adornada con rayas negras. Mezzetin toca algunos acordes en su guitarra, mientras que Arlequin con una máscara negra con cejas de caballo y bigote mira por encima del hombro. Un disfraz español simulado de terciopelo negro con un volante blanco identifica la figura en el extremo derecho como Scaramouche.

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 “Los Comediantes Italianos” , Watteau ca.1720, óleo sobre tela, 128,9 x 93,3 cm. Getty Museum, Los Ángeles.

“Los Comediantes Italianos” , Watteau ca.1720, óleo sobre tela, 128,9 x 93,3 cm. Getty Museum, Los Ángeles.

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¿Como se originó el personaje de Pierrot en la Comedia Francesa?

Pierrot fue una adición francesa a la lista de comediantes de los dramaturgos franceses del siglo XVII, basados en la comedia del arte, una forma teatral nacida en Italia.

La Comedia del arte se basó en personajes recurrentes conocidos como “tipi fissi” (tipos fijos) identificados por máscaras y disfraces estandarizados, cada cual personificaba un tipo de papel de acuerdo a su personalidad y circunstancias.

La Comedia había sido llevada por primera vez a Francia en la década de 1570 y un siglo después un grupo dirigido por Giovanni Gherardi se instaló permanentemente en París, más tarde lo continuaría su hijo Evaristo.

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Sus actores generalmente se presentaban en su lengua materna, con énfasis en los dialectos regionales, cuyos efectos humorísticos se perdían en la mayoría de los parisinos. Esta barrera del idioma generó una mayor dependencia de la vista y el humor físico conocido como “lazzi”, además de una maquinaria escénica que producía espectaculares efectos especiales.

Gradualmente y con el correr del tiempo se fueron incluyendo frases, y canciones en francés que se abrieron paso dentro la Comedia Italiana dando lugar a la aparición de un nuevo personaje francés al elenco, denominado “Pierrot”.

Una inspiración para el Pierrot de la Comedia Italiana, fue “Don Juan” (Dom Juan ou le Festin de Pierre,1665) de Molière que presentaba a una campesino parlanchín con ese nombre, el cual parece haber sido adoptado por la Comedia Italiana en 1670 aproximadamente. Pierrot apareció con poca frecuencia hasta la década de 1680 cuando los dramaturgos parisinos comenzaron a escribir obras francófonas para la banda de Gherardi.

"Arlequin, empereur dans la lune” de Nolant de Fatouville fue el primero de estos dramas italianos naturalizaos, donde se desempeñaba Pierrot, debutando en 1684, el año de nacimiento de Watteau.

La obra siguiente fue ejecutada por Watteau y representa una escena de "Arlequin, empereur dans la Lune”(Arlequín propone a la hija del Dr. Boulard en nombre del Emperador de la Luna).

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Oleo sobre tela, 65 × 82 cm. Antoine Watteau (1684–1721). Nantes, Musée des Beaux-Arts.

Oleo sobre tela, 65 × 82 cm. Antoine Watteau (1684–1721). Nantes, Musée des Beaux-Arts.

Su origen italiano fue "Pedrolino", uno de los "zanni" (criados o siervos) secundarios, era al igual que "Trivellino", un habilidoso bailarín y, como tal, fue interpretado por Giovanni Pellesini, actor de la compañía «Gelosi» (Los Celosos). Su torpe mentalidad y su voluminoso traje blanco también lo vinculaban a un tipo de personaje del teatro burlesco, Gilles le Niais (Gilles the Simpleton), un tipo de payaso torpe, estúpido, crédulo y lascivo, un personaje que comparte poco probablemente, con la sensible figura del famoso retrato de Watteau.

En el siglo diecinueve Gilles y Pierrot estaban confusamente mezclados, pero en sus comienzos ambos podían estar en el escenario al mismo tiempo siendo Pierrot muy distinto del grosero Gilles.

Pierrot a pesar de haber sido originado en Francia su antecedente más comúnmente citado, como expresé anteriormente, es italiano, el zanni , cuya figura de segundo nivel representaba a un payaso de dulce temperamento. La contraparte femenina era la encarnación de “Pulcinella”, ella también utilizaba un traje blanco.

Como la Comedia Italiana paulatinamente fue convirtiéndose en franco parlante se inclinaron hacia la critica y las parodias de las maneras locales y contemporáneas de las personalidades e instituciones, incluida la Comedia Francesa, cuyos derechos infringió al incorporar escenas en francés.

Cuando los italianos incursionaron en la actualidad satírica con su obsceno humor escatológico y el riesgo de dobles entendidos, sensibilizaron a los que se sintieron representados, provocando reprimendas oficiales que los llevó a su ruina.

Presionados por la Comedia Francesa y quizás también por decisión de la segunda esposa del Rey Louis XIV, una mojigata envejecida, se ordenó el cierre del teatro de Gherardi en 1697.

"La partida de los cómicos italianos” es el titulo de una pintura de la que lamentablemente solo nos llegó un grabado, realizado por Claude Gillot y Antoine Watteau, en donde se ya podía apreciar la vena poética del mismo.

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Antoine Watteau:

“…fue un enfermo durante toda su vida; y en este mundo buscó siempre algo que no se encuentra más que en cantidades mínimas o nulas.” , W. Pater, Imaginary Portraits, 1887.

Nació en Valenciennes en Octubre de 1684 y murió en Nogent-sur-Marne en 1721.

Fue hijo de un carpintero, las crónicas a su padre, lo recuerdan como un borracho pendenciero, que sabia leer y escribir; de su madre se conoce el nombre, Michèle Landenois.

Los conocimientos que tenemos de este artista se basan en escritos del siglo XVIII, pero con grandes vacíos, carentes de fechas.

Lo que sabemos parte de las publicaciones de sus amigos, Gersaint, y Antoine de la Roche, Jean de Julienne, y el Conde de Caylus.

De su vida íntima solo se conoce que nunca se casó.

La ciudad natal había sido conquistada por Francia hacia poco tiempo por el Rey Louis XIV, su aprendizaje artístico comenzó con un anciano maestro, Jacques Albert Guérin hasta 1772 y luego con un pintor de decorados teatrales. Este último había sido llamado para trabajar en la Opera de París llevándose consigo a su alumno.

Watteau quedaría impresionado por la capital francesa, permaneciendo allí sin dinero y sin nada encima.

Según el testimonio de Gersaint para esa época Watteau entró a trabajar al taller de un oscuro artista llamado Abraham Métayer y luego pasaría al servicio de un taller desconocido en el puente de Notre Dame. Por aquella época trabajaba junto con otros artistas ayudantes, cada cual se ocupaba de algo distinto dentro de un encargo artístico, en donde se les exigía rápida ejecución.

Watteau se distinguía del resto por sus habilidades innatas de gran artista. Solía repetir con frecuencia el mismo tema que le salía muy bien, le demandaban la imagen de San Nicolás.

Tuvo la suerte de conocer gracias a la presentación de un amigo pintor de Amberes, Jean Jacques Spöede, a un artista influyente del momento, cuyo taller era un punto de moda entre artistas y aficionados, el grabador Jean Mariette. Este último poesía una gran colección en donde se hallaban las firmas de Pieter Brueghel, Jacques Callot, Tiziano y Rubens.

A través de Mariette, Watteau conocería al único real maestro que puede atribuírsele, a Claude Gillot; cuya especialidad eran las representaciones de escenas de la Comedia del Arte Italiana.

Más adelante por incompatibilidad de carácter se terminaron distanciando, Gillot seguiría grabando y dibujando mientras Watteau continuaría tras el encanto de las representaciones del teatro que su maestro le indicó.

Conocería nuevamente gracias a Mariette, a Claude Audran, decorador de moda y desde 1704 conservador de arte del Palacio de Luxemburgo.

Con la intención de viajar a Italia Watteau se presentó al concurso académico Prix de Rome, pero lo perdió.

Abandonando a Audran y regresando a su ciudad, allí frecuentaría al escultor Antoine Pater y conocería Antoine de la Roque, redactor de Le Mercure de France quien lo introdujo en la Opera para mostrarle la vida del teatro entre bastidores; comprándole también un cuadro. El dinero para el viaje y la estancia en Valenciennes lo obtuvo gracias a la venta de obra al comerciante Sirois con el cual Watteau regresaría a París enfermo de tisis.

Sirois lo invitó a hospedarse en su casa y Watteau permaneció poco tiempo; posiblemente por la enfermedad que lo aquejaba sintiera las ansias de independencia y deseos de vivir la vida sin ningún tipo de compromiso.

Me pregunto, ¿Watteau percibía que su vida iba a ser corta?

El 30 de Julio de 1712, se presentó en la Academia con algunas obras y fue invitado a pintar un cuadro, “El Embarque para la isla de Citara”, esta obra sería la consagración.

El 28 de agosto de 1717, se convertiría en académico.

Con Citara, contrariamente a lo que se podría pensar, no se hace referencia a la isla feliz, al lugar encantado, sino la intención se desliza por debajo, sugiriendo, más que evidenciando, en silencio como un arroyuelo subterráneo que discurre profundo.

La isla quizás represente un sueño nostálgico de perdición.

Watteau intentó expresar la decadencia de la sociedad de su tiempo, la perdida de valores espirituales tras los placeres de la carne, el debilitamiento espiritual y religioso; plasmándolo en escenarios de trajes suntuosos y amores galantes.

Su pintura aparentemente superficial tiene significados profundos, con la manera poética de pintar Watteau señaló el debilitamiento de la “razón” del siglo XVIII.

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“Embarque para la Isla de Citera” 1718, óleo sobre tela, 130 x 192 cm., castillo de Charlottenburg.

“Embarque para la Isla de Citera” 1718, óleo sobre tela, 130 x 192 cm., castillo de Charlottenburg.

Entonces cabe preguntarse, ¿el embarque hacia donde era realmente?

Más adelante Charles de la Fosse, el director de la Academia, le presentaría al tesorero de Francia, Pierre Crozat, quien invitó a Watteau a su casa como huésped.

Crozat poseía una colección muy importante de arte veinte mil piezas entre pinturas y dibujos, allí el artista entraría en contacto con las personalidades más destacadas, hombres de negocio y de mundo, entre ellos el noble Jean de Jullianne, propietario de una colección de obras flamencas y francesas.

Las obras pertenecientes a Crozat, más de cien dibujos de Correggio, Van Dyck, Tiziano y el Veronés y pinturas de maestros, como Rubens, Botticelli, Miguel Angel y Jordaens le sirvieron de estudio y copia.

"Eran famosas las fiestas de Crozat, con los conciertos y los paseos por el parque y las intrigas amorosas” (Ed. Orbis, 1995, p. 32).

Watteau desplegó su propio estilo con ojo escrutiñador, retratando el despliegue de estas veladas, con el toque encantador de la levedad de sus paisajes, el colorido de su paleta en donde la preciosidad de las sedas de los ropajes se enmarcaban entre frondosos árboles de copas verdes de naturaleza idílica y sueños idealizados.

Estaba consagrado y en la cúspide del éxito se estaba muriendo.

Dos años más tarde viajaría a Londres para aumentar su clientela y también en busca de su recuperación, allí realizó una serie de encargos, El puesto de Caza, es uno de ellos.

Esta obra es significativa porque pone de manifiesto, a través de una serie de remodelaciones pictóricas el apresuramiento que demostraba el artista al pintar. Muchas veces criticado por esto mismo, pero a su vez demuestra la habilidad que poseía en la ejecución de sus trabajos.

Durante su corta vida logró ser un eximio pintor, el conde Caylus describió el método de trabajo de Watteau:

“…para ninguno de sus cuadros hizo nunca bocetos o proyectos, ni siquiera ligeros o veloces. Gustaba de dibujar sus estudios en un álbum encuadernado, para poder tener siempre a mano a un buen número de ellos. Tenía trajes galantes y otros de actores cómicos, con los que vestía a las personas de uno o de otro sexo…y las retrataba en las actitudes que la naturaleza le ofrecía prefiriendo los más sencillos a los otros. Cuando tenía ganas de hacer un cuadro, recurría a su colección y elegía las figuras que más le gustaban en ese momento. Formaba grupos teniendo presente el fondo paisajístico que ya había ideado o preparado. Raramente los utilizaba de una forma distinta”.

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“El Indiferente” Antoine Watteau, 1717, Óleo sobre tela, 26 cm × 19 cm., Museo del Louvre, París.

“El Indiferente” Antoine Watteau, 1717, Óleo sobre tela, 26 cm × 19 cm., Museo del Louvre, París.

Tras una pequeña estancia en Londres, regresó a París en 1720 y se retiró a una vivienda desconocida; en la primavera del año siguiente en Nogent-sur-Marne moriría a la edad de treinta y siete años, entre los brazos de Gersaint.

Murió siendo muy joven, a la misma edad que el pintor Rafael Sanzio, la última obra de este fue “La Transfiguración”, siendo para Antoine Watteau, “El Almacén de Gersaint”, la última palabra de un arte y de una vida.

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En ella pintó la galería de cuadros perteneciente a su gran amigo Gersaint, la pintura la realizó en solo seis semanas y no se conoce más que un solo dibujo preparatorio.

No es extraño observar como la obra se enriquece con algunos significados, el retrato del rey Louis XIV que guarda un joven en una caja nos estaría presagiando el fin de una era, que acompañó a la de su propia vida.

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“El Almacén de Gersaint” 1720, óleo sobre tela, 162 x 308 cm. Berlín, castillo de Charlottenburg.

“El Almacén de Gersaint” 1720, óleo sobre tela, 162 x 308 cm. Berlín, castillo de Charlottenburg.

Por Gisela Asmundo, lic. en Historia del Arte.

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