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La vida de un bluesman

Un documental revela aspectos poco conocidos de Johnny Winter, uno de los íconos de la guitarra eléctrica del blues y el rock.

Por Martín Sassone

Johnny Winter tiene los ojos entrecerrados y su larga cabellera rubia está recogida dentro de su sombrero texano. Sonríe y recuerda que cuando la conoció a Janis Joplin bebieron juntos Southern Comfort y como él estaba tan pasado de ácido terminó vomitando encima de ella. “Janis estaba tan borracha que no creo que lo recordara”, bromea. Su gesto cambia. Frunce el ceño y piensa en todos los que murieron en esa época. “Jimi Hendrix, Janis, Jim Morrison. Eso me dio miedo. Todas las jotas. Pensaba que yo sería el próximo”, dice. Y ante la pregunta de cómo logró superarlo responde: “Sólo fue suerte. Fui muy afortunado”.

Down & Dirty es un viaje a la intimidad de Johnny Winter. El documental, que fue producido por el guitarrista Paul Nelson, productor y miembro de su banda, nos muestra la cara desconocida del albino. Sus miedos, sus añoranzas, sus tocs, sus sueños, sus vicios y su relación con su núcleo más íntimo. Pero también nos recuerda su trayectoria musical, sus grandes conciertos, sus discos, sus canciones y el respeto que sentía por sus fans. A poco más de seis años de su muerte, el film es una gran oportunidad para repasar vida y obra de uno de los guitarristas más fantásticos de los últimos 50 años.

El documental comenzó a filmarse en 2013, durante la grabación de Step Back, el último disco de Winter y por eso cuenta con testimonios de algunos de sus invitados como Billy Gibbons, Susan Tedeschi, Derek Trucks, Warren Haynes y Joe Perry. Pero también hay otros entrevistados como la esposa de Winter, su hermano Edgar y hasta la mujer que vive en la casa de Beaumont, Texas, en la que creció, y a la que le dio tristeza volver a ver. Además, rescata entrevistas de archivo en las que dos de los más grandes bluesmen de la historia, Muddy Waters y B.B. King, se deshacen en elogios hacia él.

Johnny Winter: Down & Dirty (Trailer)

Una de las escenas más memorables es cuando Paul Nelson (también guitarrista de su banda, productor y hasta asistente) relata cómo lo ayudó a dejar la metadona, droga que consumió durante décadas para desengancharse de la heroína. La historia es tan alucinante y sorprendente que es mejor no contar más.

Winter va y viene con sus recuerdos. El bullying que sufrió de niño por ser albino; su aparición en Woodstock y el contrato millonario con Columbia que le cambiaron la vida; sus años como rockstar junto a Rick Derringer; su regreso al blues produciendo a Muddy Waters; y la fragilidad de su salud durante los noventa son algunos de los temas que aborda en la hora y media que dura el film. Pero también hay escenas extrañas como cuando canta en un karaoke en Hong Kong durante una gira o cuando se emborracha hasta le médula en un bar de Nueva Orleans.

Buena parte de la película transcurre arriba de la casa rodante con la que salía de gira por los Estados Unidos por lo que sus músicos y asistentes son coprotagonistas. Y en muchas escenas se percibe la ansiedad de Winter con respecto a la puntualidad y también su obsesión hasta para tomar agua de una botella de plástico.

Down & Dirty nos pone cara a cara con el legendario guitarrista. Podemos ver las impurezas de su piel, sus dientes amarillentos y sus movimientos lentos mientras suenan de fondo sus canciones, que resumen buena parte de la historia del blues moderno. Porque más allá de su éxito como rockero en los setenta, Winter siempre fue un verdadero hombre de blues.

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