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La misteriosa muerte de Edgar Allan Poe

Fue el gran maestro de los cuentos de terror y el creador del primer relato policíaco de la historia de la literatura. Y su repentino final sigue siendo un misterio digno de sus historias.

Por Belén Canonico

Edgar Allan Poe fue el gran maestro de los cuentos de terror y el creador del primer relato policíaco de la historia de la literatura. Y su muerte, al día de hoy, sigue siendo un misterio digno de sus historias.

Nacido en Boston, Estados Unidos, el 19 de enero de 1809, el escritor se enfrentó a varias tragedias a lo largo de su vida. Primero, sufrió el abandono de su padre, y poco tiempo después, falleció su madre. Tenía casi dos años cuando lo separaron de sus hermanos, William y Rosalie, y lo dieron en adopción al matrimonio de Frances y John Allan, de quienes tomó el apellido.

Durante sus primeros años gozó de un buen estilo de vida, ya que a nivel económico no le faltaba nada. Tenía todo lo que quería y tenía acceso a la mejor educación, razón por la cual sabía varios idiomas y con solo catorce años comenzó a escribir sus primeros poemas.

Pero más allá de su fortuna, a nivel afectivo sentía algunas carencias. Si bien había podido formar un sólido vínculo con su madre adoptiva, no puedo lograrlo con su padre. Y durante su adolescencia, las diferencias entre ellos tomaron mucha más relevancia.

Sobre todo, a raíz de las deudas que Poe generó mientras estudiaba en la Universidad de Virginia, en Charlottesville, donde dedicaba largas horas al juego con la esperanza de generar más ingresos. Y como si esto fuera poco, comenzó a tener problemas con el alcohol.

Como no podía mantenerse por su cuenta y su padre se negaba a darle más dinero, en 1827 se alistó en el ejército como soldado raso y ese mismo año publicó “Tamerlán y otros poemas”, su primer libro, bajo el pseudónimo “Un bostoniano”.

Parecía que su vida comenzaba a encarrilarse y lo mismo ocurría con su relación con Allan, pero tras descubrir que su padre le había ocultado la enfermedad de su madre, quien murió el 28 de febrero de 1829, el autor se vio inmerso en una profunda tristeza.

Huérfano por segunda vez, hizo todo lo posible para rearmarse y continuar su carrera como escritor e incursionó en el periodismo, sin mucho éxito al principio. La muerte volvería a golpear su vida en 1831, cuando su hermano William falleció tras complicaciones en su salud por su alcoholismo.

Devastado, Poe no tenía amigos, dinero ni trabajo e intentó pedirle ayuda a su padre a través de una carta. Sin embargo esta nunca fue respondida y al poco tiempo, Allan murió sin dejarle al escritor ni un centavo de su abultada herencia.

Recién en 1835 Poe pudo destacarse como editor de Literatura en la revista “Souther Literary Messenger”. Era un crítico feroz y despiadado, que rápidamente captó la atención de sus pares y los lectores y comenzó a contar con cierto reconocimiento en la escena cultural.

Se casó con su prima Virginia Clemm, catorce años menor, y su carrera no paró de crecer. Publicó “Los crímenes de la calle Morgue”, considerado el primer relato policíaco de la historia de la literatura. Y más tarde llegarían “Lenore”, “El cuervo” y “Ulalume”, entre otros poemas y relatos que lo llevarían a la consagración total.

Pero la muerte de su esposa a causa de una tuberculosis en 1847 volvió a desestabilizarlo. Y desde aquel duro momento, su vida cambió para siempre. Notablemente deteriorado, Poe decidió instalarse en Baltimore, donde se reencontró con Sarah Royster, un viejo amor de su juventud, quien lo ayudó a que dejara de tomar alcohol.

Iban a casarse formalmente el 17 de octubre de 1849, pero dos semanas antes el escritor fue encontrado tirado en la calle en un estado de delirio. Pasó cuatro días internado en los que nunca se pudo esclarecer qué le había ocurrido. Murió el 7 de octubre. Y aunque se llegó a decir que había sufrido una congestión cerebral, nunca apareció su certificado de defunción. Por eso, su final se convirtió en un misterio indescifrable, digno de sus más estremecedores relatos.

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