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Una cornisa angosta y peligrosa

Por Jorge Luis Pizarro (*)

Sergio Berni es Ministro de Seguridad de la Provincia de Buenos Aires. Lejos está de exhibir resultados de una gestión eficiente. La queja social por la falta de protección contra el delito es una constante en todas las encuestas y, sin embargo paradójicamente, en las consultas de opinión Sergio Berni es uno de los personajes políticos con más baja imagen negativa.

¿ Cómo se entiende? ¿Sin resultados positivos y con alta consideración en la sociedad? La única respuesta posible es que el “showman” entretiene, pero no resuelve. También es curioso cómo se maneja políticamente. Se podría utilizar el siguiente refrán popular: “parece un elefante en un bazar”, ya que en pocos meses, no sólo no tuvo buenos resultados de gestión, sino que además, se distanció públicamente del Presidente, entabló conflictos con la Ministra de Seguridad de la Nación y cada vez que puede, redobla la apuesta diciendo que su única jefa es Cristina Fernández, aunque en las cercanías del poder, muchos opinan que no goza de tan grande apoyo como él dice tener de la vicepresidenta.

Pero si algo le faltaba al combo de problemas que representa Berni, se le sumó la rebelión policial bonaerense, que además lo colocó como un interlocutor poco válido, ya que muchos de los policías que protestaron, se quejaron de sus malos modos. Es decir, que Berni, de formación militar, sumó la necesidad de revalidar la cadena de mandos de la fuerza que conduce, empezando por el reconocimiento de la bonaerense a su propia figura.

Más allá de este cuadro de situación, es necesario subrayar que los policías rebeldes presentaban reclamos razonables, pero lo hicieron de la manera más repudiable posible. Tomaron los patrulleros, uniformes, armamento y sirenas que les provee la sociedad, para obtener sus propios beneficios. Con esos materiales fueron hasta la casa del Presidente en una actitud democráticamente repudiable. No se va a la casa del Presidente a protestar con armas.

Haciendo así de mal las cosas, lograron sus objetivos. No sólo por el aumento salarial y otras reivindicaciones laborales, sino que además, es altamente probable que ninguno de los rebeldes sea sancionado. En una sociedad normal, cualquier persona “no puede hacer cualquier cosa”, por más razón que tenga.

Observando detenidamente el tema, algunos analistas políticos subrayan que los policías rebeldes lograron lo que los políticos no consiguieron, es decir, devolverle a la Provincia de Buenos Aires parte de los fondos que debe recuperar, y que los gobiernos bonaerenses, mayoritariamente peronistas, no pudieron, no supieron o no quisieron resolver.

El cambio de reglas de juego en la coparticipación que recibe CABA es cuestionable, para la mayoría del mundo legal, de punta a punta, no sólo porque a pesar del diálogo existente para otros temas, nadie conversó de este asunto con el Jefe de Gobierno porteño últimamente, sino que además, la coparticipación es una ley impositiva que no puede ser modificada por un DNU, y que para ser cambiada total o parcialmente, necesita de otra ley.

Tampoco la oportunidad resulta la más apropiada, ya que en medio de una pandemia restarle 36.000 millones de pesos (1,18% ), a uno de los distritos con mayor cantidad de contagios, no pareciera ser lo más oportuno. En cuanto a números, CABA produce el 20% del fondo de recursos coparticipables y retiraba el 3,5 %, porcentaje al que se había llegado luego de que se le transfiriera a la Ciudad los servicios de policía y de justicia, que según por ley deben pasarse con el presupuesto necesario para que funcionen. Ahora habrá menos plata.

Mientras que en la sede del Gobierno porteño creen que, por ahora el diálogo con el Gobierno Nacional está fisurado, Rodríguez Larreta aprovechó la oportunidad para mostrarse como el más paciente y menos impulsivo de los dirigentes, apostando a un reclamo judicial en la Corte Suprema de Justicia, y a la posibilidad de retomar el diálogo.

Según pudimos saber, sobre el futuro de esta apelación judicial, la Corte tendría antecedentes por un reclamo por una disputa similar entre CABA y la provincia de Córdoba, en el que la Ciudad de Buenos Aires salió favorecida. ¿Si la idea del Gobierno, como ya se conocía, era realizar la quita de un punto de lo que recibe CABA, porque hacerlo de esta manera, con tantas fisuras y al amparo de una protesta de policías?.

Para ser los más justos posibles, también es cierto que los reclamos económicos por mayores recursos que desde hace años realiza la provincia de Buenos Aires deben ser atendidos. ¿Era el momento, la manera y la oportunidad política para hacerlo? El Presidente debe salir, muchas veces, a tapar los agujeros que debieran ser resueltos en otros estamentos del Gobierno, por eso no se entiende, cómo algunos funcionarios, además de ser rescatados por el Jefe de Estado, en lugar de no provocar más problemas, no sólo no hacen bien su tarea, para la que fueron elegidos y por la que cobran un sueldo, sino que por el contrario, además emiten comentarios, que lo único que hacen, es recalentar el clima y tensar las cuerdas.

La apropiación ilegal de tierras no corresponde, como tampoco el uso de la fuerza o la intimidación para reclamar. Este mal ejemplo no debe ni repetirse, ni permitirse, ni mucho menos “validarse”.

(*) Periodista de Radio Rivadavia.

BUENOS AIRES, NA
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