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Señales de austeridad en medio de tironeos políticos

Guzmán considera estar en camino de "tranquilizar" la economía, como le gusta decir.

Por José Calero

En medio de fuertes tironeos políticos, el ministro de Economía, Martín Guzmán, busca enviar señales a los mercados y al FMI, al exhibir algunas medidas de austeridad y una desaceleración del déficit fiscal, que ya se ubica por debajo del 5% del Producto Bruto.

Su tarea es titánica, ya que mientras el presidente Alberto Fernández le pide hacer equilibrios entre las demandas de la alianza gobernante y la de los sectores de poder económico, la vice Cristina Kirchner casi no da espacio para aplicar medida alguna que huela a ajuste y abra un posible flanco para ataques de la oposición.

Por ahora, Guzmán se refugia en los números: anunció que en los primeros diez meses del año el déficit primario se redujo al 4,8% con relación al Producto Bruto, muy cerca de lo comprometido en el Presupuesto 2021, que es del 4,5%.

La misión del Fondo Monetario se llevó esos datos a Washington tras permanecer dos semanas en la Argentina, donde tuvo una visita accidentada por el falso positivo de Covid a un integrante de la delegación.

Igual, logró mantener reuniones con distintos sectores y el objetivo marcado por la jefa del organismo multilateral, Kristalina Georgieva, es empezar a redactar una carta de intención de lo que sería un acuerdo de facilidades extendidas para refinanciar pagos e intereses que ya se aproximan a los u$s 50.000 millones.

En el marco de esa misión, los enviados del Fondo se sentaron con miembros de la Asociación Empresaria Argentina (AEA), en un encuentro gestionado por Guzmán, en el Ministerio de Economía.

Los empresarios dijeron coincidir en la necesidad de construir consensos sobre pilares para la estabilidad económica y la articulación de reglas de juego que contribuyan a la previsibilidad.

Concurrieron Paolo Rocca (Techint), Enrique Cristofani (Banco Santander), Federico Braun (La Anónima), Alberto Grimoldi (Grimoldi) y el presidente de AEA, Jaime Campos.

Si bien no se habló del aporte extraordinario a grandes fortunas, los empresarios recalcaron la necesidad de recrear la confianza y mantener reglas de juego claras.

Los tiempos para el acuerdo con el FMI.

En medio de la convulsionada transición política en Estados Unidos, todo indica que el acuerdo con el Fondo Monetario quedaría para después de la asunción de Joseph Biden como presidente el 20 de enero próximo.

En el organismo apuestan a que la carta de intención con la Argentina sea lo suficientemente precisa como para garantizar que no se repitan los errores del mega préstamo otorgado a Mauricio Macri, donde la mayor parte de los dólares se convirtió en fuga de capitales.

La vicepresidenta ordenó recordarle ese punto por las dudas al FMI, y también a Guzmán, al introducir en el proyecto sobre endeudamiento una cláusula que evitar destinar créditos del Fondo a "gastos corrientes".

"La emisión de títulos públicos en moneda extranjera y bajo legislación y jurisdicción extranjeras, así como los programas de financiamiento u operación de crédito público realizados con el FMI, y las eventuales ampliaciones de los montos de esos programas u operaciones, no podrán tener como destino el financiamiento de gastos corrientes", dice el agregado que el kirchnerismo hizo al proyecto enviado por Guzmán.

Cerca del ministro de Economía dicen que ese texto no cambia para nada el espíritu del proyecto, sino que lo reafirma, pero en concreto representa un nuevo límite que la vicepresidenta le pone a su margen de maniobra.

Guzmán considera estar en camino de "tranquilizar" la economía, como le gusta decir.

A cierta estabilidad alcanzada por el mercado cambiario, se sumó el dato de que en los primeros diez meses del año, el déficit primario acumulado llega al 4,8% con relación al Producto Bruto, muy cerca de lo comprometido en el Presupuesto para el 2021, que es del 4,5%.

Ese datos, junto con la caída de reservas que perforó el piso de los u$s 49.000 millones, viene siendo seguido de cerca por los sectores de decisión económica.

Guzmán pidió a su equipo hacer notar que la tasa de crecimiento interanual del gasto fue en octubre la más baja desde el comienzo de la pandemia.

Y cree que en noviembre logrará profundizar ese camino, luego de que se decidió suspender el IFE, que representaba unos $90.000 millones, y se achicó a su mínima expresión el ATP destinado a compensar el pago de salarios en empresas.

Guzmán destacó también que los ingresos totales del Sector Público subieron 28,1% en octubre, cada vez más cerca de la inflación, que ronda el 34% anual.

Pero uno de los datos clave que exhibió ante el FMI, y que daría más certezas sobre la capacidad de pago de la Argentina, es que los ingresos tributarios crecieron 38,1%, cinco puntos por encima de la inflación esperada.

Para Economía, es un indicio clave de que la economía se empezó a recuperar, en línea con los datos que vienen recabando el INDEC y el Ministerio de Desarrollo Productivo.

Entre los papers presentados ante el FMI, el Palacio de Hacienda destacó que la tasa de crecimiento del gasto fue en octubre la "más baja desde el inicio de pandemia".

Es decir, la Argentina encaró un ajuste de las cuentas, tratando de que se note lo menos posible, para no herir susceptibilidades entre los sectores ultracristinistas, que se sentirían más cómodos con una posición más dura ante el Fondo.

Guzmán ratificó ante la vicepresidenta que no se tocarán partidas claves para la asistencia social, e incluso le dijo que se reforzarán hacia fin de año, durante un encuentro mantenido en la semana, cuando el ministro se acercó al Congreso para respaldar iniciativas vinculadas con la economía.

Cristina sabe que diciembre es un mes complicado para la situación social en la Argentina, y busca evitar que algunas organizaciones políticas utilicen el acuerdo con el Fondo como excusa para realizar protestas.

En la misma línea, el Gobierno busca evitar grandes reclamos cuando anuncie el descongelamiento de tarifas, una medida que Alberto Fernández decidió postergar para marzo próximo.

Se pretende aplicar un nuevo esquema segmentado sobre la base de la información que tiene el Estado del nivel económico de los usuarios.

El secretario de Energía, Darío Martínez, trabaja a todo vapor en esa tarea -clave para bajar el gasto en subsidios-, mientras busca reactivar proyectos para aumentar la producción de gas.

Por ahora, la única certeza es que los ajustes en tarifas de electricidad y gas que se aplicarían en octubre dejarán afuera a los más postergados.

Pero representarían un duro golpe para la clase media, un sector que entre la crisis económica y la pandemia, corre riesgo de entrar en vías de extinción en la Argentina.

BUENOS AIRES, NA
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