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"El Sueño" (1910), de Henri Rousseau.

Henri Julien Félix Rousseau, llamado "El aduanero", fue un célebre pintor francés, uno de los máximos representantes del arte naíf.

Por Gisela Asmundo

Licenciada en Historia del Arte

El Aduanero, como era llamado en su circulo de amistades, y como a él le gustaba que lo llamen, pese a haber sido tan solo un simple inspector de aduanas y no un funcionario, conservó cierta tosquedad en su arte, algo sin desbastar, imperfecto y anti académico.

Pero justamente ahí estaba la suerte y el misterio de su obra, mezcla de un mundo onírico e infantil que hasta ese momento no había encontrado parangón.

Sus retratos-paisajes nos dejaron un sabor a crónica, de acontecimientos del siglo en que vivió.

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El sueño, 1910, H. Rousseau. Oleo sobre tela 204,5 cm. x 298,5 cm. Museum of Modern Art, New York City

El Sueño es un obra de considerable extrañeza,-¿por qué está una mujer desnuda reclinada en un sofá en el medio de la jungla, mientras leones y una serpiente vagan próximos y un músico emerge desde las profundidades?

¿Qué es tan peculiar sobre esta imagen que cautivó al público de 1910 y aún hoy en día nos sigue cautivando?

Rousseau no intentó jugar a los acertijos con nadie cuando presentó la obra por primera vez en 1910 en El salón de los Independientes en Paris, la tituló simplemente “El Sueño” y la acompañó con un poema:

“Yadwigha en un hermoso sueño

Se ha dormido suavemente

Oye el sonido de un piccolo oboe

Interpretado por un bien intencionado encantador [de serpientes].

Mientras la luna se reflejaba

En los ríos [o las flores], los árboles verdes,

Las serpientes salvajes escuchan

Las alegres melodías del instrumento”.

Ella está soñando, su nombre es Yadwigha,y mientras sueña sobre un sofá en un mundo despierto, en la tierra de sueños, está alerta señalando nuestro camino en la escena con sus afiladas facciones y su mirada.

Así como su dedo extendido nos indica que observemos al león y a la leona de ojos abiertos y al músico de faldas brillantes, que nos mira desde la oscuridad mientras toca una gaita y encanta a la serpiente en la parte inferior derecha.

Al principio en una primera mirada, la serpiente que se desliza se ve de un color naranja sólido, pero luego notamos su ojo, apenas perceptible y nos damos cuenta que su parte superior es negra y la parte inferior del vientre es naranja brillante.

De la selva se asoma otro ojo que pertenece a un elefante y dos pájaros se posan en los árboles, uno con un plumaje extravagante. Cada hoja y cada planta está claramente diferenciada y las flores de loto brotan imposiblemente grandes en el lienzo.

Tenemos una repetición de ojos que nos miran fijamente y también orbes, no solo del cuerpo de ella, sino también en las naranjas del árbol y, por supuesto la luna llena en el cielo claro.

El Sueño es una mezcla de información visual para procesar, y ni siquiera hemos mencionado a los tres monitos también encaramados en los árboles ni a los racimos de plátanos aquí y allá o cómo las líneas resonantes del follaje generan una especie de ritmo vibratorio.

Es una composición densa cada centímetro del espacio balanceado y cohesivo se podría llegar a comparar, salvando las distancias a la obra maestra La Primavera de Sandro Botticelli.

Rousseau la había pensado como casi una broma, se burló abiertamente como un forastero sin educación.

Rousseau nació el 21 de mayo de 1844 en Laval, Francia. Su padre Lucien, era hojalatero. Tenía tres hermanas y su hermano Julien nacería poco después de él.

En 1863 se enroló voluntario en el ejército y fue asignado al 51 regimiento de infantería. Gracias a su experiencia militar de aquellos años entró en contacto con los supervivientes de la guerra de México que Napoleón III había acometido con el apoyo de emperador Maximiliano de Austria. Así, aquellas narraciones exóticas lo cautivaron, y despertaron en él su curiosidad, sobre las descripciones de los paisajes y vegetación.

México se convirtió en un mito, en un lugar de ensueño que trató de hacer realidad con su pincel.

Durante su vida fue nombrado como el aduanero porque por más de 20 años trabajó cobrando impuestos sobre bienes y productos que entraban a la ciudad de Paris, su trabajo no era de alto rango como su nombre sugiere pero al menos le dejaba tiempo para pintar.

Rousseau empezó a exhibir a mediados de 1880 y renunció a su trabajo en 1893 con 49 años de edad para dedicarse por completo al arte; tenia una pensión y también daba clases de música y pintura, pero aún seguía viviendo, modestamente y casi sin fondos.

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Perdió a dos esposas, Clémence Boitard y luego Joséphine Noury y a muchos hijos por enfermedad, incluso él mismo falleció a la edad de 66 años por una infección sin tratar en su pierna, unos meses después de finalizar “El Sueño”, en 1910, solo una hija lo sobrevivió.

Existen muchos aspectos en la obra “El Sueño” que no fueron una sorpresa para la audiencia del arte de principios del siglo XX en París, porque ya habían visto muchos desnudos recostados en sofás anteriormente. Como La Gran Odalisca de Ingres, La Olympia de Manet, y anteriormente, La Venus Dormida de Giorgione y La Venus de Urbino de Tiziano.

Pero Rousseau, conociendo este linaje, estableció su figura distinguiéndose por su firme frontalidad. Yadwigha es fuerte no delicada, su nombre es una variedad polaca del antiguo nombre alemán Hedwig, y está inspirada en una joven polaca amante del artista. Ella es bastante diferente a las carnosas naturalistas figuras de sus predecesores, con sus dedos de las manos y dedos de los pies extrañamente tubulares.

Esos desnudos de sus colegas fueron construidos gradualmente con capas delgadas de esmalte técnicamente abogadas por la Academia y La Escuela de Bellas Artes a las cuales Rousseau no asistió. Él fue autodidacta, su aprendizaje derivó de la observación, obtuvo una licencia que le permitió tomar copias de los maestros del Louvre y el Museo de Luxembourg, por eso nunca logró los efectos altamente precisos de los trabajos que intentó reproducir, en cambio evolucionó hacia su manera distintiva de pintar.

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El Bosque, 1886-1890, Rousseau. Oleo sobre tela, 71 x 60 cm. Zurich, Kunsthaus.

Y no fue el único que experimentó con inventivas y menos naturalistas formas de tratar el cuerpo al pintar. El Modernismo estaba dando vueltas, muchos estaban sacudiendo los valores de la Academia y presentando sus propias proposiciones respecto a lo que el arte podía y debería ser. Rousseau fue un modernista que para algunos críticos representó a un artista inferior como un entretenido amateur.

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Noche de Carnaval, Henri Rousseau

Su primera real atención la alcanzó en 1886 con Noche de Carnaval expuesta en la misma exhibición de Seraut con su famosa obra Tarde de domingo en la isla de la Grande Jatte. Ambos trabajos causaron revuelo, atrayendo burla y admiración, Seraut por su técnica puntillista y científica innovadora del color, y Rousseau por su inocencia juguetona y aparente olvido de la perspectiva y el modelado.

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Autorretrato Como Pintor, de 1890. Oleo sobre tela, 143 x 110 cm. Praga, Narodni Galería. (Se retrató orgulloso como artista con su paleta de pintor y en homenaje a sus esposas, firma con el nombre de ellas sobre la misma).

Rousseau hizo crecer lentamente una base de apoyo cuando mostró su trabajo, a artistas jóvenes y admiradores que apreciaban su franqueza y originalidad.

La primera de sus pinturas sobre la temática de la jungla (fueron 25), apareció en 1891, pero la gran mayoría luego del éxito del su Leon Hambriento atacando un antílope que expuso en el Salón de Otoño de 1905 en el Gran Palacio, de París. Fue allí donde un puñado de artistas exhibieron obras de colores llamativos y salvajes, los que serían reconocidos como Los Fauvistas o las bestias salvajes (apodados por el crítico Louis Vauxcelles).

Rousseau no fue uno de ellos pero la representación literal de bestias salvajes podría haber contribuido a la denominación, su trabajo era diferente a los fauvistas, derivando a una coloración y representación más realista. Y tampoco la misma estaba tan lejos de la histórica representación del pintor francés Eugene Delacroix quien había ganado especial aclamación por sus obras de animales salvajes.

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Leon Hambriento atacando un antílope, 1905, H. Rousseau. Oleo sobre tela 200 x 31 cm. Fundación Beyeler, Riehen, Basel, Suiza.

El trabajo de Rousseau puede ser visto como el romántico interés de finales del siglo XIX y principios del XX de todas las cosas lejanas y menos conocidas. Mientras algunos artistas habían viajado de hecho a lugares que ellos describían en sus trabajos, como exóticos alejados de Europa, no fue el caso de Rousseau. Él muchas veces alardeó que por causa de su servicio militar había viajado pero la verdad es que nunca se alejó de París y sus aledaños. Sin embargo, Rousseau viajó “virtualmente” en parte en 1889 gracias a la Feria Mundial de París la cual trajo nuevas galerías de zoología al Museo Nacional de Historia Natural, incluyendo ambos, animales vivos y exhibiciones de taxidermia de los mismos.

Rousseau trabajó tomando fotografías e ilustraciones de animales, a veces usó una ampliadora llamada pantógrafo para reproducir los temas de libros y revistas, el magnífico Jardin de las Plantas de la ciudad le previó de un montón de inspiración para la vida botánica.

Aún así el artista se tomó muchas libertades con sus temas de flora y fauna a cualquier escala para establecer en la pintura. El espacio de las obras es generalmente plano pareciendo desconocer las leyes de la perspectiva y ajustándose al criterio del pintor. La luz frecuentemente viene de diferentes fuentes contribuyendo a una misteriosa ambigüedad del tiempo del día como sucede con El Sueño.

Algunas de sus composiciones son simples otras complejas y llenas, de formas entrelazadas herméticamente “como si pintara en un idioma de sustantivos” (Craig Mcdaniel, Rethinking Rousseau).

El mundo del arte de ese entonces en París lo denominó artista primitivo y naive, en parte debido a la apariencia de sus temas exóticos, pero más que nada a su estilo antiacadémico. Esos términos también se utilizaban para designar largas franjas de producción creativa fuera de Europa, y al arte del Renacimiento Temprano el cual fue comparado con el arte de Rousseau. Pero sea lo que sea, Rousseau había conseguido que al espectador le empezara a gustar su trabajo y, además él tampoco estaba dispuesto a cambiar el rumbo.

El pintor se había hecho amigo del poeta y crítico Guilaume Apollinaire y fue el invitado de honor de Picasso en 1908, atendido también por Gertrude Stein; Robert Delauney, y Max Weber coleccionista de su arte, al igual que el famoso marchante Ambroise Voillard.

Rousseau expresó a Picasso “usted y yo somos los pintores más grandes de nuestro tiempo, usted en el estilo egipcio, yo en el moderno”.

Por su obstinado esfuerzo se mantuvo siempre fiel a su visión, totalmente dedicado a su trabajo a pesar de las dificultades y las críticas casi constantes; era el blanco a menudo de las bromas pesadas conjugadas por otros artistas a los cuales consideraba amigos, aunque igual él se mantenía afable.

Fue también violinista y compositor, y le agradaba entretener a sus agasajados en su estudio.

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La Gitana Dormida, 1897, Rousseau. Oleo sobre tela. 129,5 x 200,5 cm. MOMA.

Cuando falleció, el 2 de septiembre de 1910, fue enterrado en una tumba de pobres sin nombre. Pero eso fue posteriormente rectificado cuando sus amigos descubrieron lo que había ocurrido, juntando dinero para un entierro digno, con una lápida sepulcral realizada por el gran escultor Costantin Brancusi y un epitafio de Guillaume Apollinaire.

Su renombre e influencia creció, cuando los artistas jóvenes empezaron a emularlo, y las exhibiciones, y escritos sobre él se propagaron.

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Los Jugadores de Pelota Oval, 1908, Rousseau. Oleo sobre tela, 100 x 81 cm. Guggenheim Museum, Nueva York.

Los surrealistas lo amaron, su líder André Breton denominó a “El Sueño” una obra maestra que comprende toda la poesía y con eso, todo el misterio de la gestación de nuestro tiempo.

Finalmente la obra fue adquirida por el Museo de arte Moderno de Nueva York, donde se ha mantenido en un lugar destacado de la colección permanente.

Es una obra enorme…y ha sido objeto de inspiración para la creación de poemas sobre la misma por Michael Ondaatje en 1974, y antes de eso por Sylvia Plath quien concluyó en 1958 Una Sextina para el Aduanero:

Yadwigha, los literalistas se preguntaron entonces

Por qué diablos yacías tumbada en ese diván barroco

Tapizado de terciopelo rojo, ante la mirada de un par

De tigres en libertad y de una luna tropical,

Plantado en medio de una intrincada espesura de verdes

Hojas acorazonadas, como de catalpa, y de esos lirios…

Estamos encantados con El Sueño de Rousseau como la jungla está encantada con la melodía del músico, estamos transportados dentro de un mundo cuando la mujer sobre el sofá nos conduce al mismo. Esto sucede en parte por los dotes del artista como colorista y la iluminación que emana de todas y cada una de las formas vibrantes que se fusionan en un todo fascinante, unificado.

También sucede debido a esa magia de Rousseau indefinible en particular.

El pintor una vez sostuvo: “Si mis padres hubieran reconocido mi don para la pintura ... hoy habría sido el pintor más grande y rico de Francia”.

Si bien esto pudo haber sido cierto, con el acabado académico y la formación, Rousseau no se habría convertido en un héroe modernista, y así no hubiéramos descubierto la magia del mismo, tan peculiar y distintiva.

Yadwigha está en la jungla porque Rousseau quiso que esté allí, y porque quería llevarnos junto a ella, tenía confianza en su visión y el compromiso de verla a través de un sueño.

El resultado que aun hoy podemos observar es extraordinario, verdaderamente extraordinario, podemos seguir a Yadwigha dentro del mundo de ensueño cada vez que nos guste y nos deleitemos un poco con esa realidad genuinamente onírica que nunca fue y nunca será.

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