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La revolución más demorada

Por Santiago Montoya (*)

En materia tributaria, la Argentina desde hace varios lustros viene acumulando problemas y distorsiones. Esta semana, la media sanción del muy mal llamado impuesto “a los ricos”, significa otro capitulo en esta desafortunada saga. Hace años, el esquema o régimen tributario nacional, no viene logrando cumplir su principal objetivo, que es cubrir el presupuesto público. Esta es la brecha presupuestaria.

Hay que reconocer que una de las causas de esa brecha es la dificultad que tiene el país para estabilizar el tamaño del sector público: el régimen tributario es malo, pero “le corren el arco” todo el tiempo.

Los impuestos argentinos también producen serios trastornos que afectan a los sectores productivos y sociales y a la economía en general. La informalidad, incentivada por oleadas de malas normas tributarias y no tributarias, ha carcomido y dividido profundamente al país. Encontró un piso estructural firme equivalente a un tercio de la economía, con fuertes incrementos en épocas de crisis como ahora. Esto concentra la presión impositiva sobre los formalizados.

Cuando se habla de un promedio de presión tributaria nacional de 33%, falta considerar el efecto informalidad. Los formalizados reciben niveles de presión catastróficos, rozando e incluso superando el 50% de presión tributaria efectiva real. Un ejemplo: Reino Unido, registra una presión tributaria promedio del 36%; corregida por informalidad (bajísima allá) los sectores ingleses equivalentes a los argentinos formalizados, están en un 38,5%. Contra un 50% criollo. Así no vamos a ninguna parte.

Hoy, se discute que los ciudadanos argentinos con elevada capacidad contributiva, no pagan, y tienen que pagar. Circulan conceptos de la Canciller alemana Angela Merkel, “no entendemos porqué en Argentina los ricos no pagan casi nada”. En el país de Merkel, un 84% de la recaudación del impuesto a los ingresos/renta, proviene de las personas humanas, “los ricos” digamos. Solo un 16%, proviene de empresas.

Y por casa cómo andamos? Lo que en Alemania es 84%, en Argentina es poco más de un tercio de la recaudación del impuesto, solo 37% proviene de personas humanas. Pero a su vez, en su gran mayoria son “rentas de IV categoría”. Casi simbólico lo de los “ricos” argentinos, aunque al que paga le duela.

OECD online lo pone claro: este impuesto en Alemania (2018) recaudó 12,5% del PBI y Argentina 5,1%. Las empresas alemanas solo aportaron 1/6 de eso (1,8% de su PBI), mientras ricos y trabajadores, humanos alemanes, pagaron 10,7% de ese PBI. En Argentina personas humanas rinde apenas 2% del PBI explicado casi totalmente por “no ricos”, mientras las empresas argentinas pagaron un 3 % de nuestro PBI. Sí, empresas argentinas pagaron 67% mas que sus pares alemanas… ¿quiénes están equivocados, los alemanes, o nosotros? ¿deben pagar principalmente los empresarios, o las empresas? Los resultados gritan: hay que cobrarles más a los empresarios y a los contribuyentes de mayor capacidad contributiva, a los humanos, pero cuidado, dejando que las empresas reinviertan, crezcan, generen empleos.

Es correcto que quienes tienen más capacidad, paguen más. Pero cómo debemos hacerlo? Los alemanes, como tantos otros, lo hacen cobrando correctamente el impuesto que otorga progresividad al sistema impositivo: el impuesto a los ingresos/renta (nosotros, Ganancias). Esa es receta alemana, probada y comprobada. Nosotros, con apenas un 0,6% del PBI de recaudación teórica del “aporte por única vez” de los “ricos”, no resolvemos en verdad el problema de fondo.

Como positivo ponemos en discusión concreta la deuda de progresividad de los impuestos argentinos, pero como negativo, colocamos otro parche más sobre un esquema agotado, logrando un rendimiento muy inferior al que lograría un correcto impuesto a los ingresos/renta/Ganancias bien cobrado, y con posible impacto negativo sobre el funcionamiento de empresas (a causa de otros factores presentes en Argentina que los alemanes ni conocen).

Lo que en verdad necesitamos, es una profunda revisión de todos los tributos, que nos lleve a cobrar pocos impuestos mucho mas baratos y de cobro masivo. Sin cobrar bien IVA y el impuesto a los ingresos, no habrá maraña de parches que sirva. Esta es la verdadera “revolución” que tenemos demorada.

(*) Especialista en Economía, Políticas Públicas y Fiscales. Ex director de ARBA.

BUENOS AIRES, NA
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