ECONOMIA |

Los obreros, víctimas de la robotización de la producción

Desde que el empleo industrial alcanzara su máximo en EE.UU. a fines de los años `70, el 95% de las pérdidas de empleos se deben a ganancias de la productividad.

Donald Trump se jactó de haber detenido proyectos de relocalización en México de varias empresas estadounidenses, incluida la automotriz Ford, aunque los principales beneficiados de esta decisión siguen guardando silencio: los robots industriales.

Se suele apuntar contra el comercio internacional y países como China o México para explicar el cierre de fábricas en países ricos, mientras que los verdaderos responsables, que ocupan un lugar central en las cadenas de montaje de
la economía globalizada, son más difíciles de combatir.

Desde que el empleo industrial alcanzara su máximo en Estados Unidos a finales de los años 1970, "el 95% de las pérdidas de empleos se deben a ganancias de la productividad, incluida la automatización y las tecnologías de la información y no al comercio", señala Michael Hicks, del Centro de Investigación Económica y de Negocios de la Universidad Ball State, de Indiana (Estados Unidos).

Este estado estadounidense forma parte de los feudos industriales en los que Donald Trump triunfó en noviembre.
El futuro presidente amenazó con imponer tasas aduaneras disuasorias para las empresas que deslocalicen su producción y prometió convertirse en el "mayor productor de empleos que Dios haya creado".

Sin embargo, la economía estadounidense nunca ha producido tantos bienes manufacturados, empleando en sus fábricas a 7,3 millones de obreros menos que en 1979. Desde los años 1960, las máquinas empezaron a pintar, cortar, soldar y montar.

En la actualidad, una multitud de nuevos empleos se han visto amenazados por la inteligencia artificial, nuevos útiles de gestión o las impresoras 3D.

París, NA.

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