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El reconocido pianista de jazz Ellis Marsalis murió por coronavirus

Era el padre de los talentosos músicos Wynton y Branford. En su carrera grabó una veintena de discos y formó a grandes talentos del género.

Por Martín Sassone

Ellis Marsalis fue un ícono del jazz moderno, el patriarca de una talentosa familia y un maestro ejemplar. Como pianista grabó más de una veintena de discos; como padre les transmitió a sus hijos los valores de la tradición de Nueva Orleans, el arte de la improvisación y el amor por la música; y como docente formó a grandes figuras del jazz como Harry Connick Jr., Terence Blanchard y Nicholas Payton.

El miércoles por la noche, un día después del fallecimiento del trompetista Wallace Roney por coronavirus, Marsalis murió afectado por la misma enfermedad que asola al mundo y nos tiene en cuarentena. Tenía 85 años.

“La neumonía fue la causa directa de la muerte, pero fue ocasionada por el covid-19”, confirmó la familia Marsalis en un comunicado.

Ellis Marsalis nació y se crió en Nueva Orleans. La música estuvo siempre con él. Se formó tocando el saxo, pero con el tiempo se volcó al piano. Con ese instrumento se destacaría en su carrera que, irónicamente, despegó a mediados de los ochenta luego del éxito de dos de sus hijos: Wynton y Brandford. Otros dos, Delfeayo y Jason, también son reconocidos músicos de jazz.

En la década del sesenta integró la banda estable de un reconocidoclub de jazz de Nueva Orleans, participó en discos de los hermanos Cannonball y Nat Adderley y tocó en el grupo del trompetista Al Hirt, otro prodigio de esa ciudad. En la década del setenta se dedicó a la docencia y fue recién en 1982 cuando su nombre saltó al mainstream del jazz.

El curioso álbum Fathers & Sons fue un disco editado por el sello Columbia, que en su cara A tenía a Ellis, Wynton y Branford en formato quinteto junto al contrabajista Charles Fambrough y el baterista James Black interpretando algunos temas originales y una exquisita versión de Lush Life, de John Coltrane. En el lado B cambiaba todo: los protagonistas eran Von y Chico Freeman, padre e hijo respectivamente, con otra formación acompañándolos. Ese disco fue un verdadero trampolín para Ellis y sus hijos, aunque Winton ya se había hecho popular en el mundo del jazz un año antes, cuando, con apenas 19 años, grabó su álbum debut respaldado por la sección rítmica que Miles Davis tuvo en los sesenta: Herbie Hancock, Wayne Shorter, Ron Carter y Tony Williams.

En los años siguientes, Ellis Marsalis grabó álbumes para los sellos ELM -fundado por él-, Rounder, Rhino y Blue Note. Para este último, precisamente, registró un álbum en formato trío alcanzando un pico musical y unas ventas razonables. Eso lo puso bajo la órbita Columbia, que ya los tenía fichados a Wynton y a Branford. Su primera aparición para el gigante discográfico fue con el tema This is Christmas, en el álbum navideño Jazzy at Wonderland que sumaba a las figuras del jazz que integraban el catálogo: Harry Connick Jr., Tony Bennett, Grover Washington Jr., Nancy Wilson, Joey DeFrancesco y, por supuesto sus dos hijos famosos. Luego vendrían cinco discos solista al hilo que, al día de hoy, son sus mejores trabajos de estudio: Heart of Gold (1991), Whistle Stop (1993), Joe Cool’s Blues (1994), Loved ones (1995) y Twelve’s it (1998). En cada uno de esos discos, Ellis Marsalis mostró sus dotes como pianista, su inacabable capacidad para improvisar, unos fraseos exquisitos y una sonido cálido y sentimental.

Cuando su vínculo con Columbia terminó, el pianista firmó con Sony para un disco que fue lanzado en 1999 y luego empezó a rebotar en sellos más pequeños como Munck Music o ESP, y también en su propio ELM, para los que registró más que nada discos en vivo, muchos en el Jazz & Heritage Festival, el más prestigioso de Nueva Orleans.

“Se fue de la misma manera en que vivió: aceptando la realidad”, tuiteó anoche Wynton.

Mientras que Branford eligió estas palabras para despedirlo: “Todos podemos maravillarnos de la absoluta audacia de un hombre que creyó que podía enseñarles a sus hijos negros a ser excelentes en un mundo que rechazaba esa posibilidad, y entonces verlos llegar a redefinir lo que significa la excelencia para siempre”.

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