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Teletrabajo: un proyecto de ley superador de la artritis organizacional

Por Fabián Ruocco.

La Argentina requiere, para generar la necesaria reactivación post Covid-19, desarrollar la actualización de sus recursos humanos acorde a lo que acontece a nivel mundial con las nuevas tecnologías.

Todo proyecto de ley es perfectible, pero se debe tener claro la puja de intereses que el tratamiento de esta modalidad genera en diversos sectores donde el cambio desafía a modificar culturalmente los hábitos basados en una matriz de inicios de siglo pasado.

Algunos planteos se parecen a los Luditas en su rebelión contra las máquinas del siglo XIX. La actualidad exige aplicar un entendimiento más profundo de las fuerzas de la tecnología en el trabajo hoy.

Los cambios en el mundo del trabajo se dieron siempre. El derecho laboral es dinámico desde su origen. En los tiempos de internet éstos son particularmente generalizados, profundos y acelerados.

La regulación suele llegar luego de que los usos y costumbres ya están en marcha. Muchas de las resistencias huelen a "rigor mortis" en su enfoque epistemológico.

Las personas y sus organizaciones tienen maneras distintas de percibir la realidad, la percepción, está íntimamente relacionada con la cultura, intereses y valores; por tal razón, procesan la información de manera selectiva, dando prioridad a los detalles afines con su manera de ser, para así, mantener intactas sus percepciones.

El proyecto de ley de teletrabajo que ya pasó por la cámara de Diputados y se giró al Senado, está generando ahora muchas resistencias que podrían ser abordadas positivamente si su intención es superarlas y no quedarse en una visión dominada por la artritis organizativa de las viejas estructuras.

En este marco, será previsible encontrar un alto grado de subjetividades en los planteos que al confrontarlos con la realidad se caen como un castillo de naipes.

El teletrabajo no es un problema, es una solución, y ocurre en todo el mundo. La pandemia de Covid-19 acortó los tiempos. En la actualidad, las organizaciones públicas y privadas se encuentran dentro de un entorno dinámico que exige cambios.

La rapidez del avance tecnológico empuja a cualquier entidad a la adaptación en un cambio de visión, de infraestructura y procedimientos para no permitir que la obsolescencia los alcance.

La sociedad se digitalizó de manera vertiginosa. La regulación de esta modalidad fue tratada ampliamente desde diversos abordajes y diálogos con la realidad federal porque es considerado como una forma de trabajo a distancia para el cual es imprescindible utilizar en un país tan extenso.

Esta modalidad exige un cambio de paradigma, donde la gestión por resultados es la clave y no cuantas horas esté encendida su computadora o esté sentado frente algún dispositivo informático.

El trabajador no será contratado por horas-reloj sino por resultados, quedando de lado el concepto de presentismo.

Esto requiere un plan estratégico laboral conjunto, preciso y bien definido en el tiempo que conduzca a unos resultados posibles de alcanzar en el período de tiempo establecido.

A partir de este plan estratégico, que define los objetivos generales, se estructuran las responsabilidades a través de toda la organización, definiendo objetivos específicos para cada departamento, e incluso para cada empleado.

Desde abajo hacia arriba

Con las estrategias de trabajo vinculadas inseparablemente a la tecnología, las organizaciones están repensando cómo visualizan, entregan y evolucionan organizacionalmente.

Están transformando los departamentos de TI en motores para orientar el crecimiento del negocio, con responsabilidades que cubren sistemas de backoffice, operaciones, e incluso ofertas de producto y plataforma.

Desde abajo hacia arriba, están modernizando la infraestructura y la conformación de la arquitectura. Desde arriba hacia abajo, están organizando, operando, y entregando las capacidades de tecnología de maneras nuevas.

En tándem, esos enfoques pueden entregar más que eficiencia – ofrecen las herramientas, la velocidad, y el empoderamiento que definirá la organización de tecnología en el futuro.

Las Unidades de Vinculación Tecnológica como el CEDyAT hace años que vienen desarrollando actividades basadas en el teletrabajo con un modelo SMART para definir las características que un objetivo debe cumplir (cada letra del término corresponde con la inicial en inglés de cada una de estas características): especifico (Specific), medible (Measurable), factible (Achievable), realista (Realistic), con un plazo de ejecución (Time-related).

Sin embargo, la implementación de teletrabajo no constituye un modelo estático que se lleva a cabo de un modo predeterminado, utilizando un único sistema de herramientas; existen diferentes modalidades de implementación y dependen, en gran medida, del contexto y la profundidad con la que se pretenda aplicar el modelo.

De allí la importancia de que la iniciativa aprobada en Diputados operaría como una ley marco, modificatoria de la ley de contrato de trabajo, debiendo con posterioridad cada Convenio Colectivo de Trabajo incorporar las adecuaciones específicas según lo requiera cada actividad laboral; y así evitar un excesivo reglamentarismo legal.

Es decir, cuando las tecnologías actúan al unísono, ya no vemos la empresa vertical (centrada en líneas de negocio o en industria aisladas) u horizontalmente (centrada en procesos de negocio o en tecnologías de facilitación): las viejas líneas se eliminan, creando entonces una vista diagonal que ilumina nuevas oportunidades y maneras creativas para resolver problemas.

En el mundo interdependiente en el que vivimos los inversores analizan fríamente las mejores posibilidades de negocios, evaluando para ello todas las variantes que ese país en particular ofrece, para optar por la mejor alternativa, el teletrabajo es una de esas ventajas porque disminuye costos para el empleador; disminuye los gastos de alquiler de inmuebles donde funcione el establecimiento; aminora los accidentes in-itinere; baja los gastos de energía y de uso de equipos para el empleador; es una alternativa ante situaciones de catástrofes a fin de evitar interrumpir la cadena productiva; admite al empleador ejercer su poder de control mediante el uso de los medios informáticos y proporciona al empleador la posibilidad de realizar reuniones a través de video-llamadas.

Además, el teletrabajo colabora a la mejora del medioambiente sirviendo como política sustentable al implicar una reducción de la contaminación; posibilita la reducción de los accidentes de tránsito; ayuda enormemente a la inclusión de los grupos vulnerables y discapacitados que podrán trabajar desde su hogar; sortea el desarraigo de personas que no tendrán que dejar su pueblo, ciudad o país.

Consecuentemente, en el Congreso se han de respetar las responsabilidades de los aportes específicos de cada cual, donde se auspicia y reconoce la iniciativa y, como resultado de ello, se introducen las mejoras al texto con un saludable grado de flexibilidad dentro de la estrategia compartida que son básicos para el desarrollo nacional en estos tiempos de crisis global. Lo importante es no demorar más.

Por Fabián Ruocco, director ejecutivo, Unidad de Vinculación Tecnológica CEDyAT.

BUENOS AIRES, NA
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